Hace poco tuve una conversación con un compañero de trabajo. Discutíamos sobre por qué a veces tomamos decisiones intuitivas y por qué, en otras, valoramos el contexto con sus riesgos y beneficios. Conversamos sobre cómo y cuándo tomamos decisiones más coherentes y, concluímos, que una decisión, por pequeña que sea, puede explicar por qué a veces cometemos errores en nuestro sano juicio y otras veces decidimos con atino, encontrando el éxito o incluso llevándonos a nosotros y a nuestras compañías al liderazgo innovador.

Decidir si apoyamos una idea o no, si invertimos en un nuevo producto o servicio, si contratamos gente, a quién contratamos, etc. Todas esas decisiones tienen un impacto en nuestras organizaciones y en aquellos que trabajan con nosotros. ¿Cómo tomarlas bien?

Pensar rápido o pensar despacio

No pude evitar pensar revivir esa conversación cuando me topé con la teoría del pensamiento de Daniel Kahneman. Su libro Pensar rápido, Pensar despacio, explica muchas de las cuestiones que nos planteábamos mi colega y yo.

Kahneman analiza en profundidad en su libro cómo la gente toma decisiones. De acuerdo con el autor, las decisiones -por minúsculas que sean- las tomamos de dos maneras: pensando rápido o pensando despacio. Kahneman cree que, básicamente, nos encontramos ante dos sistemas diferentes que rigen la forma en la que pensamos. Al sistema de pensar rápido, le llama Sistema 1 y al sistema de pensar lento, Sistema 2.

El Sistema 1 es el piloto automático. Es la forma intuitiva de tomar decisiones, la que “sientes” desde el primer momento que te surge el problema que tienes que enfrentar. Es el sistema de las primeras impresiones, de las sensaciones, de los juicios rápidos o, incluso, podríamos llamarlo de alguna manera, el sistema de “no pensar”.

El Sistema 2 es la forma analítica y crítica de tomar decisiones. Cuando usamos el Sistema 2, es cuando nos paramos a pensar. Las decisiones hechas con el Sistema 2, son pues más concienzudas.

Aunque no lo sepamos, los humanos nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en piloto automático (Sistema 1).

“…los Sistemas 1 y 2 están siempre activos mientras permanecemos despiertos. El Sistema 1 actúa automáticamente y el Sistema 2 se halla normalmente en un confortable modo de mínimo esfuerzo en el que solo una fracción de su capacidad está ocupada.

El Sistema 1 hace continuamente sugerencias al Sistema 2: impresiones, intuiciones, intenciones y sensaciones. Si cuentan con la aprobación del Sistema 2, las impresiones e intuiciones se tornan creencias y los impulsos, acciones voluntarias.

Si todo se desarrolla sin complicaciones, como ocurre la mayor parte del tiempo, el Sistema 2 acepta las sugerencias del Sistema 1 con escasa o ninguna modificación.

Generalmente damos crédito a nuestras impresiones y cumplimos nuestros deseos, y eso está bien… por lo común. Cuando el Sistema 1 encuentra una dificultad, llama al Sistema 2 para que le sugiera un procedimiento más detallado y preciso que pueda resolver el problema.

El Sistema 2 es movilizado cuando surge un problema para el que el Sistema 1 no tiene solución alguna”

No se malentienda. No hay nada malo con el Sistema 1. De hecho, suele ser bastante acertado. Es el que nos permite economizar nuestra atención y ser capaces de realizar múltiples cosas a la vez. No podríamos vivir sin nuestro Sistema 1 operando automáticamente y sin esfuerzo la mayor parte del día. El problema es que el Sistema 1 cuenta con información limitada y rápidamente actúa sobre ella, formando ideas, pensamientos, creencias. El Sistema 1 está lleno de primeras impresiones y a veces es la razón por la que saltamos directamente a las conclusiones sin pasar por el Sistema 2, que es reconsideración, resolución de problemas y análisis. Con el Sistema 1, creamos historias coherentes basadas en información limitada y a veces errónea, por lo tanto las conclusiones a las que llegamos pueden ser falsas o sesgadas.

Los sistemas del pensamiento y el liderazgo innovador

El liderazgo innovador requiere también ser acertados a la hora de decidir. Pues bien, tomar mejores decisiones pasa por aprender a identificar con qué sistema del pensamiento estamos operando. Hay que aprender a usar el Sistema 1 y 2 juntos. Hay que saber cuándo “dejarse llevar” y cuándo “pararse a pensar”. Puedes dejarte llevar por la intuición a veces cuando vayas a tomar una decisión, pero cuando se requiera, puedes también reducir el riesgo de tomar una decisión errónea si compruebas referencias, investigas, contrastas información, haces preguntas de sondeo, pides a otros que te den su impresión sobre el tema, etc. No obviamos enteramente el Sistema 1 a la hora de tomar una decisión pero sí utilizamos el Sistema 2 para tomar mejores decisiones.

Es cierto que el Sistema 1 es super útil para el trabajo creativo, la famosa Musa, pero ser un líder también envuelve tomar decisiones que requieren un nivel menor de sesgo porque nuestras decisiones también afectan a las personas que lideramos. En el contexto de los negocios y también en nuestras vidas personales, existen muchos factores que tienen que ser tomados en cuenta para la toma de decisiones. El truco está en ser consciente de cómo cambiar de un sistema a otro: cuando estás pensando en automático, cuándo estás prestando atención y qué herramientas puedes utilizar para llegar a tomar buenas decisiones.

Pregunta de reflexión: ¿la última decisión importante que tomaste como líder, ibas en piloto automático?


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