Todo lo que conocemos cambia. Cambian las personas, cambia la naturaleza. Nada es estático, sino que se encuentra en constante movimiento. El cambio nos genera progreso y está estrechamente ligado a nuestra supervivencia como especie. Así mismo pasa con las empresas. Las que no cambian, desaparecen.

Esta realidad de la necesidad constante de cambio se hace más patente en la época en la que vivimos. Porque el cambio viene de afuera. Nuevas tecnologías, formas de comunicación, la globalización, etc. El mundo avanza a una velocidad vertiginosa y los consumidores se adaptan a las nuevas formas de consumo con rapidez. Las compañías tienen que tratar no sólo de seguir el paso, sino también, de ser ellas las que produzcan disrupción.

Para ser capaces de producir disrupción e innovación, debemos aceptar el cambio y propiciarlo. Debemos crear una cultura que acepte y promueva el cambio.

Antes de comenzar a describir 3 elementos claves para promover la cultura del cambio, nos gustaría citar a Barack Obama.

“El cambio no vendrá si esperamos a que lo haga otra persona o en otro momento. Somos los que nosotros mismos hemos estado esperando. Somos el cambio que buscamos”

“Change will not come if we wait for some other person, or if we wait for some other time. We are the ones we’ve been waiting for. We are the change that we seek.”

Como líderes innovadores, no podemos dejar la responsabilidad del cambio a otros. Debemos asumir que es parte de lo que necesitamos, liderarlo y promoverlo.

A continuación, 3 consejos importantes para incorporar la cultura del cambio.

Tolerancia al error

Hay que aprender a convivir con el error. No todo lo que probemos saldrá perfecto. Pero mejor probar y descartar, que permanecer estáticos. No crucifiques a la gente cuando se equivoque. Tampoco hagas la vista gorda sobre el error. Habla de él, acéptalo como algo normal, ligado a lo nuevo, y necesario para el cambio positivo.

Moverse rápido

Es importante probar cosas rápido para saber si funcionan o no. Pasa con frecuencia que la gente se queda en el plano de las ideas por tanto tiempo, que cuando se deciden a dar el salto, el momento ya no es el idóneo o peor, a alguien más se le ocurrió la misma idea y la ejecutó antes. Pensar demasiado y no ejecutar, puede ser la diferencia entre ser un pionero o no. Pensar y no ejecutar, no es bueno para la cultura del cambio.

Pon en pie todos los mecanismos para que tu equipo pueda cambiar de forma fácil y rápida. Los equipos pequeños tienen la flexibilidad necesaria para incorporar cambios rápidos. Los equipos más grandes, tendrán que incorporar medios y mecanismos para facilitar el probar cambios.

Promover la participación

Recuerda que la innovación con miedo no funciona. La gente debe poder expresar sus temores con respecto al cambio. Trata de entender su punto de vista y de ofrecer argumentos tranquilizadores. Así mismo, premia, acepta y facilita que la gente proponga ideas de cambio. No te conviertas tú en el freno de la innovación, porque el cambio puede venir de mil maneras, a veces, de las formas más inesperadas.

Recuerda que la cultura del cambio no nace de forma espontánea. Es un reflejo de la forma en la que los líderes entienden y reaccionan ante el cambio.

Pregunta de reflexión: ¿Cómo reaccionas tú ante el cambio?


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