Seguro que habéis escuchado la expresión “Cuando tienes un martillo, todo te parecen clavos”. Esta frase esconde una verdad que obviamos de forma frecuente: nuestra experiencia profesional puede llegar a limitar nuestra visión y frenar nuestra capacidad de ser creativos o la de los miembros de nuestro equipo.

Por supuesto, no estamos diciendo que la experiencia profesional sea mala. La experiencia profesional nos nos aporta diferenciación y seguridad. Nos hace andar en terreno seguro para resolver muchos problemas y nos permite conocer en profundidad nuestro campo de acción. Sin embargo, en una sociedad que avanza digitalmente a una velocidad de vértigo, es indispensable “reinventarse”, estar dispuesto a desarrollar diferentes talentos para adaptarnos a la “era digital”. Nuestra experiencia, no obstante, puede jugarnos una mala pasada, llevándonos a sobreestimar nuestras capacidades, a no ver nuestros límites y a no probar enfoques diferentes y creativos.

En otras palabras, nuestra experiencia puede condicionarnos a la hora de ver soluciones a los problemas porque no intentamos otras formas de resolverlos más que aquellas en las que tenemos completo dominio pero que pueden no siempre funcionar.

¿Está la experiencia profesional sobrevalorada?

En el ámbito laboral, la expresión “experiencia profesional” tiene un matiz positivo. El término nos especializa, define nuestras capacidades y habilidades, nos da cierto estatus de expertos. Tanto nosotros como los demás, asumimos que, por el hecho de que tenemos experiencia profesional, sabemos cómo hacer todo lo relacionado con nuestra profesión.

A pesar de sus grandiosas ventajas, la experiencia también tiene un lado oscuro: distorsiona nuestra visión, nos crea límites y puede frenar nuestra capacidad de innovación.

¿Cómo puede ser? Es lo que los franceses llaman déformation professionnelle, que si lo traducimos literal al español sería, la deformación profesional. La deformación profesional hace que veamos el mundo sólo desde los zapatos de nuestro yo profesional y lo que ese yo ha aprendido a lo largo de su carrera.

El sesgo de la deformación profesional afecta a nivel profesional y personal:

  • Limita la creatividad y la búsqueda de nuevas soluciones.
  • Afecta a la eficiencia y a los resultados al no evaluar otras alternativas que pueden ser mejores.
  • Crea un muro a la hora de innovar.

En otras palabras, la experiencia profesional nos puede llegar a cerrar la mente.

El término deformación profesional lo acuñó el sociólogo Daniel Warnotte, quien hizo referencia al concepto para criticar cómo la burocracia de la administración pública terminaba por volverla incompetente.

El caso del software es un buen ejemplo de la deformación profesional. Cualquiera que haya trabajado con programadores lo sabe A los programadores les resulta especialmente difícil encontrar bugs o fallos en las aplicaciones que desarrollan. No es porque no las prueben. Ellos prueban las nuevas funcionalidades desarrolladas. El problema es probablemente que siempre prueban igual. Saben qué hay que hacer porque ellos han desarrollado el software y siempre ejecutan el mismo procedimiento. No prestan atención a otras formas de probar, porque el haber sido ellos quienes han desarrollado la funcionalidad, los vicia.

¿Cómo el talento innovador se sobrepone al sesgo de la experiencia profesional?

Para sobreponerse al sesgo de la experiencia profesional y no obstaculizar el talento innovador y la creatividad, hay que ponerse en los zapatos del otro. Hay que poner el foco de nuestra atención en lo que los otros hacen.

Los otros pueden ser nuestros clientes o nuestros compañeros de otras áreas. Por ejemplo, en el caso del desarrollo del software, hay que observar sí o sí a usuario finales. Tenemos que ver cómo trabajan con nuestro software. ¡A lo mejor los usuarios están haciendo algo completamente diferente de lo que esperamos que hicieran!

Pero el software no es el único ejemplo. Ikea observa de cerca a sus IKEA Hackers, o usuarios que modifican sus muebles o los utilizan para otros propósitos. Para Ikea, esta es una fuente de talento innovador a la que puede acudir su equipo interno.

Ponerse las gafas de ver de otra persona puede ayudarnos a no limitarnos con nuestra propia forma de ver las cosas. Los ojos nuevos de una segunda (o tercera) opinión alimentan nuestra empatía, abren nuestra perspectiva y nos liberan de prejuicios. Una visión fresca nos da el empujón que nos aparta de una rígida forma de pensar y que fomenta nuestra creatividad.

Nadie es perfecto haciéndolo todo, ni tiene los mismos recursos. Si pedimos a un mono y a un elefante ver más allá de la jungla ¿quién obtendría mejores resultados? Quizás el mono, que escalaría un árbol muy alto para ver más allá. El mono siempre será el más ágil para subir que el elefante. Sin embargo, el mono nunca tendrá la habilidad de un elefante de abrir caminos nuevos para atravesar la jungla.

Pregunta de reflexión: ¿está tu experiencia profesional limitando tu creatividad?


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