Había una vez, una tierra donde vivía un elefante. Durante muchos años este animal había provisto de alimento a la aldea sabiendo exactamente lo que necesitaba. Había creado caminos a través de la jungla que siempre le llebaban a las mejores raíces, vegetales, nueces y frutas.

Él sabía qué frutos podía alcanzar directamente con su trompa y qué otros necesitaba sacudir el árbol. Su fuerza le permitía cargar de una vez con el alimento suficiente para abastecer de comida al poblado para varios días, así que siempre se anticipaba a sus necesidades. Era muy fiel a su tarea y por tanto era muy apreciado y pensaba que tenía una vida de lo más gratificante.

Por desgracia, las cosas comenzaron a cambiar, como suele pasar en la vida y en las fábulas. Los cocineros del pueblo querían ingredientes diferentes y más raros para su cocina, cosas de las que el elefante había oído hablar, pero que no estaban a lo largo de su camino habitual.

Así que nuestro amigo paquidermo se encontró que empezó a abastecer a las tiendas de comida que nadie quería. Nunca encontraba el momento de hacer nuevos caminos para satisfacer nuevas peticiones. La aldea se impacientó con el elefante ya desanimado, que simplemente no podía mantener sus exigencias.

Por aquel tiempo tiempo también había un mono en un pueblo cercano cuyo trabajo era opuesto al del del elefante. El ágil mono cruzaba la selva cogiendo fruta a medida que la veía, recogía la fruta baja y la entregaba rápidamente a los cocineros del pueblo. En lugar de usar los caminos ya clásicos del elefante, el mono se apoyaba en su memoria e instinto para encontrar comida y traer sólo la cantidad necesaria para ese día. A veces huía buscando alimentos cada vez más exóticos y de vez en cuando se perdía. Pero su rapidez y agilidad siempre le permitían realizar las tareas que el pueblo le asignaba, y al igual que el elefante, llegó a ser muy apreciado.

Desgraciadamente, la vida del mono también cambió. Su aldea exitosa se hacía cada día más grande. El mono tenía tantas peticiones que estaba constantemente en movimiento, tratando de recordar todas las necesidades de cada lugar.

Se veía obligado a hacer muchos más viajes porque simplemente no tenía la fuerza para llevar todo lo solicitado al mismo tiempo. El pueblo comenzó a impacientarse también con él, y el mono empezó a dudar de que pudiera hacer bien el trabajo.

Un buen día por suerte, el mono cansado y el elefante desanimado se encontraron. El mono trataba de moverse rápidamente llevando una gran carga y se fijó en todo el alimento que llevaba el elefante en las cestas de sus lomos. El elefante estaba impresionado por la velocidad del mono, por lo lejos que podía viajar y por la facilidad con que podía reunir parte de la comida que el elefante luchaba por alcanzar. Ambos animales, estaban muy orgullosos de sus habilidades, sin embargo se dieron cuenta de que habías ventajas obvias a las habilidades del otro.

El elefante y el mono reconocieron los beneficios de trabajar juntos y decidieron unir fuerzas.

El mono usaría su agilidad para satisfacer las nuevas peticiones de encontrar fruta lejana, trayéndola al elefante para llevarla a su poblado. Por su parte, el elefante llevaría los alimentos suficientes al poblado de los monos para poder satisfacer sus crecientes necesidades alimenticias. Les llevó un tiempo resolver cómo hacerlo, pero pronto tenían las dos cosas que iban bien para ambos pueblos. Y así, vivieron felices para siempre, seguros en su confianza mutua y manteniendo la apreciación de todos los habitantes.

Esta es una traducción libre de una fábula que aparece en el libro de Barry Boehm y Richard Turner “Balancing Agility and Discipline, a Guide for the Perplexed.” Pregunta de auto reflexión: ¿Cuántas organizaciones “elefante” conoces a las que les iría bien comportarse como un “mono” o al menos llegar a un acuerdo con alguno para poder adaptarse a lo que les espera?


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