Un liderazgo firme, la innovación y el aprendizaje continuo son cruciales para que cualquier negocio tenga éxito en el siglo XXI. Estos rasgos no deben implicar solo a quienes estén en posiciones de liderazgo, sino a toda la organización. Y aunque es un proceso que generalmente comienza desde arriba, debe calar hasta el último de los trabajadores para que una empresa progrese realmente.

Tener una mentalidad estática no te dejará progresar ni permitirá que tus trabajadores aprovechen todo su potencial, ni tampoco que surjan nuevos líderes. La mentalidad estática también va acompañada de muy poca disposición para la toma de riesgos, menor aceptación del fracaso, menos colaboración… y la lista puede continuar. A través de una mentalidad de crecimiento es como las cosas comenzarán a mejorar.

Aplica estas tres estrategias para cultivar una mentalidad de crecimiento dentro de tu compañía:

Mezclar y emparejar

Para crear una mentalidad de crecimiento dentro de tu organización, es esencial permitir que tus empleados desarrollen nuevas habilidades. Se trata de ayudar a tu equipo a adquirir aptitudes adicionales a aquellas por las que fueron contratados en principio. Aprender y comprender los diferentes roles dentro de la compañía no solo amplía sus horizontes, sino que además promueve la empatía y la colaboración. Todo esto alienta a tu equipo de trabajo para aprovechar las cosas de una forma distinta y más eficiente en el futuro. Y eso no es todo, también incrementará la productividad.

Comprometerse con el aprendizaje

Al tener tiempo y experiencia, las personas tienden a atrincherarse en su manera de pensar, lo que frecuentemente deja poco o nada de espacio para mejorar y aprender. Como consecuencia directa, estas mismas personas tendrán grandes dificultades para encontrar nuevas oportunidades, soluciones e ideas, especialmente en un entorno empresarial tan vertiginoso y cambiante como el de hoy en día.

Las personas mayores y más experimentadas, particularmente cuando se han desarrollado con una mentalidad estática, se convierten en las más resistentes al cambio de su mentalidad hacia una mentalidad de crecimiento. Una alternativa más rápida para adquirir talento con una mentalidad de crecimiento sería centrarse, durante el proceso de contratación, en la capacidad y disposición para aprender, en lugar de en el pedigrí.

Bajo la orientación adecuada y con el tiempo suficiente, este tipo de empleados ayudarán a construir una cultura de aprendizaje dentro de tu empresa. Además, serán capaces de colaborar de manera exitosa con sus colegas y se adaptarán mejor a los distintos desafíos que pudieran surgir en el camino.

Tomar riesgos y aceptar el fracaso

Todo líder empresarial sabe que el crecimiento siempre va acompañado del riesgo y del fracaso. No existe un enfoque único para administrar un negocio exitoso, los errores son una parte natural del proceso.

Una mentalidad de crecimiento no niega esto y acepta el hecho de que, tarde o temprano, el fracaso se presentará. Tratar de evitar la derrota a toda costa implica nunca tomar riesgos, lo que da como resultado una gran o total ausencia de creatividad e innovación.

Una mentalidad de toma de riesgos y aceptación del fracaso necesita empezar desde arriba, con los líderes dando ejemplo para que sus empleados los sigan. Deben dar a su personal la libertad para probar cosas nuevas, fracasar y aprender de esos errores.

Conclusión

Las empresas que desean avanzar continuamente necesitan adoptar una mentalidad de crecimiento. De lo contrario, corren el riesgo de volverse obsoletas. Para hacerlo, deben tener la capacidad de visualizar las oportunidades cuando se les presentan y aceptar el fracaso como una parte natural del proceso de probar cosas nuevas.

Pregunta para reflexionar: ¿Estás creando una mentalidad de crecimiento dentro de tu organización?


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