En las pequeñas empresas con pocos empleados el sentimiento de comunidad es más fuerte que en aquellas que son más grandes, tal vez por eso de que el roce hace el cariño. Al ser un equipo más reducido al final acabas conociendo la vida de tus compañeros hasta el más mínimo detalle.

Aunque no lo parezca, esta confianza no viene limitada por el tamaño de la organización, es decir, da igual cuantos empleados tenga tu compañía, también podéis formar una gran familia donde todos los miembros se sientan valorados y entusiasmados por cuidar los unos de los otros.

Fortalecer el entorno

Para Bob Chapman, CEO de Barry-Wehmiller y autor del libro Everybody Matters: The Extraordinary Power of Caring for Your People Like Family, el liderazgo puede conectar con los trabajadores en todos los niveles, hasta el punto de crear un lugar de trabajo que les haga sentir como en casa.

Mediante sesiones de charlas abiertas y sinceras, en cada una de sus instalaciones, Chapman tiene la oportunidad de escuchar el feedback de sus trabajadores, repartidos por todo el mundo, y hacer preguntas cara a cara de cómo la visión a la que aspiraban llegar se está desarrollando.

Para que las personas perciban que son parte de una gran familia se les debe ofrecer la oportunidad de desarrollar un trabajo significativo que les haga sentir satisfechos.

Crear esta cultura de trabajo significa que se les debe tener en cuenta: escuchándoles, respetando sus ideas y sus perspectivas únicas, dejándoles libertad para mejorar sus roles y hacerles saber que importa quienes son y lo que hacen.

Un arma de doble filo

El popular modelo según el cual las empresas y los trabajadores no establecen un compromiso a largo termino entre sí va en contra de la psicología humana. Cuando la gente solo se preocupa en mantener su puesto no innova; en cambio, cuando se sienten seguros y valorados encuentran talentos desconocidos.

Por desgracia, la metáfora de la familia tiene algunos inconvenientes. Para empezar, no todas las familias son funcionales. Muchas personas tienen necesidades emocionales no satisfechas y esperan llenar ese vacío con el trabajo, y esto a la larga solo comporta problemas.

En segundo lugar, un negocio tiene como objetivo tener beneficios, una familia no. Las decisiones que se toman pueden desgastar la dinámica familiar. En ocasiones, los límites no están bien definidos y pueden llegar a desaparecer por completo. Esta metáfora deja demasiado margen para que las personas se olviden de que son adultos y que deben cumplir con sus obligaciones por encima de todo.

Por último, incluso la empresa mejor gestionada probablemente no resista tanto como una familia. El promedio de vida de una empresa ha pasado de los 60 años en la década de 1950 a menos de 20 años actualmente.

La promesa de cuidarlos para siempre es una manera de restar poder a los empleados. En el mundo en el que vivimos todas las personas necesitan explotar más su lado emprendedor, para llevar una vida mas autónoma y conseguir sus propias metas.


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