Cuando una empresa nace, sólo cuenta con la creatividad que sus padres o fundadores le infunden. Conforme va creciendo, cada nuevo integrante de la organización debería aportar su granito de arena en forma de nuevas ideas, cambios e innovaciones en productos o procesos. Pero esto no siempre sucede.

Las compañías deben garantizar el medio para que el pensamiento original y las ideas florezcan y se conviertan en prometedoras soluciones reales para clientes y procesos internos. Ese medio, no es otra cosa que una cultura innovadora dentro de la organización. Esta cultura será nuestro motor para generar disrupción o, simplemente, para seguir avanzando y progresar.

La creación de una cultura innovadora en una organización pasa por cuatro elementos clave:

1. El líder: el ejemplo a seguir

Se dice que los niños pequeños imitan a sus padres. Comienzan observando sus conductas, las van registrando en su proceso de aprendizaje y componen un patrón a seguir en su comportamiento futuro. Si en los niveles de dirección de nuestra organización creemos, animamos y apostamos por la innovación, marcaremos el sendero que seguirán nuestros empleados. Pero esto no puede ser de boquilla, debemos dar testimonio diario de que animamos y aceptamos nuevas ideas, toleramos el error y confiamos en el talento y la inteligencia de nuestra gente para afrontar el futuro.

El líder innovador inspira, orienta a sus empleados para poder ejecutar su visión y, a la vez, los anima a compartir sus ideas estableciendo unas líneas de actuación elementales. Los ayuda a sentirse comprometidos e integrados en la cultura de la empresa, de forma que perciban la necesidad de sobresalir en su rol sintiéndose cómodos y seguros para buscar la innovación.

2. Crear un ambiente estimulante para desarrollar la creatividad

La cultura innovadora requiere que se construya un entorno en el que se normalice la interacción espontánea de los miembros del equipo, con reuniones en las que se intercambien ideas y con acceso a herramientas digitales que ayuden a difundir o a dar forma a dichas ideas. La creatividad parece surgir de forma espontánea, pero en realidad, está fundamentada en nuestra capacidad de conectar ideas distantes sin relación obvia. Esto pasa cuando somos capaces de mezclar personas, roles e ideas.

Además, es importante recordar que un empleado contento y cómodo en su entorno se puede encontrar más estimulado para ser más productivo e innovador. Sentirnos valorados y autónomos dentro de nuestro puesto de trabajo nos permite arriesgarnos a tomar las oportunidades que vamos encontrando por el camino y a probar nuevas cosas. En este sentido, podemos acudir al ejemplo de Google, que anima a su equipo a utilizar el 20% de su tiempo para investigar y probar proyectos nuevos. Frutos de esta práctica son Gmail o Google Maps.

3. Desafiar a la norma permite innovar

Uno de los rasgos más comunes en las personas innovadoras es su instinto para cuestionar las normas establecidas. Aquellos que se atrevieron a decir que la tierra no era el centro del universo o a refutar que era plana, pasarán a la posteridad por haber tenido el coraje de cuestionar lo incuestionable.

No se trata de ponerlo todo en tela de juicio, sino de atreverse a preguntar-se de forma constructiva si hay mejores formas de realizar una misma tarea; o también consiste en ver desde un nuevo prisma un planteamiento tradicional que sigue la organización de forma automática.

Una estructura flexible — libre de burocracias y complejas jerarquías— posibilita desafiar a la norma, probar nuevas ideas e innovar. Otro elemento importante en este sentido, del que hemos hablado aquí de manera frecuente, es que las personas no pueden tener miedo a expresarse en su entorno organizacional. Una organización que no crucifique al que se atreve a cuestionar lo establecido, será un lugar en el que ser creativos e innovadores es asumible y deseable para los empleados.

4. Mantener siempre el equilibrio

El pensamiento disruptivo genera cambio e innovación. Las nuevas ideas siempre son bien recibidas, pero no debemos olvidar los cimientos sobre los que se basa la organización. Tenemos que tener en cuenta la historia de la empresa, sus valores y cultura para encaminar la innovación. Así como los anteriores elementos, las necesidades de los clientes, la capacidad de la organización de asumir ciertos riesgos financieros, su flexibilidad, la realidad del mercado y otros elementos, deben ser considerados a la hora de evaluar las ideas.

En otras palabras, una cultura innovadora mantiene la mente abierta, es tolerante al cambio y al error, pero siempre evalúa las ideas bajo el prisma del equilibrio. Una verdadera cultura innovadora sopesa y mide las nuevas ideas teniendo en cuenta los valores fundamentales de la organización y el conocimiento profundo de sus clientes e industria.

Pregunta para reflexionar: ¿Están presentes estos 4 elementos en tu cultura empresarial?


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