¿Conoces a alguien que haya aprendido a nadar sin tragar agua? ¿O a montar en bicicleta sin caerse? Si es así, aléjate de esa persona tanto como puedas porque seguro que le cuesta mucho entender que para aprender es imprescindible gestionar el riesgo y por tanto, también el error.

A mi me gusta llamar a esto “equivocación productiva” porque muy a menudo percibimos la equivocación como un fallo innecesario. Sin embargo la realidad es, que lo más importante hoy en día no es evitar el error, sino “saber innovar y guardar la ropa”aprender fallando con el mínimo impacto posible.

Para innovar, hay que aquivocarse. De hecho, el mayor beneficio de la innovación, es el aprendizaje.

A nadie le gusta tragar agua mientras aprende a nadar, pero todo el mundo lo tiene asumido como algo inevitable, a nadie le extraña esto, pero ¿funciona esto igual en las organizaciones?

¿Estamos preparados para fallar en la empresa?

Más bien no, porque en teoría nos formamos para no cometer errores. Desde la escuela nos enseñan a eso porque se supone que debemos estar preparados para desempeár unas funciones muy concretas previamente descritas por la organización. Si miramos un poco hacia atrás, vemos que la gestión de los Recursos Humanos apareció a raíz de un paradigma industrial basado en cubrir puestos de trabajo definidos. Las personas debían adaptarse a una descripción de este puesto y ser capaces de realizar lo que se esperaba de ellas.

Pero esto ya no es así. Hoy el cliente y el mercado cambian mucho más rápido que la empresa y ésta se ve obligada a adaptarse con mayor agilidad y rapidez que antes. Hoy las personas que se encuentran en periodo de formación, no saben qué puestos van a tener que cubrir cuando acaben sus estudios. No sabemos si van a desempeñar una función u otra, pero sí sabemos que, si queremos seguir siendo competitivos necesitamos contar con personas innovadoras, necesitamos equipos que incorporen la gestión ágil de la incertidumbre y la cultura del experimento en su trabajo diario.

Pero las personas siguen trabajando de la misma forma que siempre. Muchas, se limitan a “hacer su trabajo” y no suelen ir más allá. Las organizaciones cambian de manera orgánica, no mecánica. Requieren que sus empleados sean conscientes de la necesidad de cambiar, de fallar, de innovar, y de aprender. Es decir, de que formen parte activa de ese cambio.

¿Y esto cómo se arregla?

Muchas empresas intentan desarrollar su capacidad innovadora a base de cursos formativos, pero muchos programas fracasan porque son pura teoría. Para aprender a nadar hay que tirarse a la piscina. Para aprender a innovar también. No puede enseñarse, tiene que aprenderse. No necesitamos profesores, ni consultores. Necesitamos preparadores y entrenadores.

En INUSUAL Movilizamos y preparamos a personas, equipos y organizaciones potenciando su capacidad innovadora para superar sus retos de futuro.

Estas son las áreas desde las que servicmos a nuestros clientes:

  • inusual.studio — Consultoría estratégica de innovación organizacional.
  • inusual.garden — Coaching de equipos y desarrollo del liderazgo de innovación.
  • inusual.network — Identificación, selección y contratación de talento innovador.
  • inusual.school — Aprendizaje de metodologías de innovación y uso de herramientas.

Pregunta de auto reflexión: hay dos formas de competir en el mercado, siendo inusuales o baratos. ¿Cuál preferís vosotros?


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