Mi padre es lo que llaman un “zurdo contrariado”. Nació en una pequeña ciudad del norte de Francia en 1947, y tuvo la mala suerte de ser zurdo.

Digo “mala suerte” porque en esa época, escribir con la mano izquierda estaba muy mal visto – por no decir prohibido –. Según la opinión general, los zurdos tenían una letra fea y sus escritos eran siempre sucios. Por lo tanto, los profesores se empeñaban en “corregir” a los niños “afectados” a golpe de regla, obligándoles a cambiar de mano cada vez que se “equivocaban” al coger un lápiz…

¿Te imaginas? A mi me duele sólo pensarlo, y más siendo madre de un niño zurdo… Pues claro: de tal abuelo, tal nieto

Hoy en día semejante práctica sería impensable. No sólo por ser violenta – una tortura sencillamente –, sino también porque nos parecería ridículo intentar ir en contra de una preferencia tan instintiva como la lateralidad humana

Sin embargo, no nos preocupa forzar nuestra naturaleza en muchos otros ámbitos. Sea por desconocimiento (no sabemos cúal es nuestra tendencia natural) o por presión social.

Ya os hemos hablado del Simplexity Thinking y de la importancia para cualquier profesional de conocer su propio estilo creativo y el de su equipo. Hoy me gustaría presentaros otro modelo interesante que, aunque se pueda relacionar – y mucho – con el diagrama de Basadur, pone el foco en la productividad y no en la resolución de problemas.

Work Smarter, Not Harder

De la misma manera que un Project Manager podría sentirse incómodo con algunas de las tareas que le incumben, un profesional que se viera obligado a usar ciertas herramientas de productividad podría notar que no le están ayudando.

Esto, según Carson Tate (profesora, coach, fundadora de Working Simply y autora del libro “Work Simply: Embracing the Power of Your Personal Productivity Style”), se debe a que todos y cada uno de nosotros necesitamos enfoques personalizados, alineados con nuestras preferencias cognitivas.

El truco está en identificar nuestro propio estilo productivo para poder trabajar en sincronía con nuestras inclinaciones personales y potenciar nuestras fortalezas. Aplicar métodos que no serían para nada nuestros preferidos si pudiéramos elegir es, desde un punto de vista neuropsicológico, una estupidez. Es sencillamente contraproductivo.

¿Cuáles son los estilos productivos?

Carson Tate define 4 estilos distintos:

  • El Priorizador

Un priorizador es una persona que se siente cómoda con el pensamiento realista, la lógica y la analítica. Sus críticas se basan en hechos. Está muy orientado a resultados y le gusta planificar sus tareas con mucha precisión.

  • El Planificador

El planificador se nutre del pensamiento secuencial. Necesita organización – paso 1, paso 2, paso 3 – y le gusta sumergirse en los detalles de un proyecto, al contrario del priorizador que sólo se centra en aquello que le ayuda a completar su trabajo de manera rápida y precisa. Su herramienta preferida es el calendario y nunca asiste a una reunión sin su agenda.

  • El Arreglista

El arreglista prefiere el pensamiento emocional. Es muy bueno para trabajar en equipo y fomentar la colaboración. Se relaciona y comunica fácilmente. Lo suyo son las reuniones. Tiene mucha empatía y capacidad de persuasión.

  • El Visualizador

El visualizador percibe las cosas en su conjunto y se decanta por el pensamiento holístico. Tiende a mirar el panorama general y a ampliar los conceptos existentes haciendo conexiones. Le gusta sintetizar – lo que le puede llevar a pasar por alto detalles importantes – y valora más las posibilidades que los procesos. Tiene mucha facilidad para detectar oportunidades e integrar ideas.

Una misma persona puede sentirse identificada con varios estilos desde luego. No se trata de elegir una caja y meterse dentro, sino de descubrir las diferentes posibilidades que hay y ser conscientes de que no existe la talla única en materia de productividad.

Al aprovechar nuestro estilo personal en lugar de luchar contra él, conseguiremos manejar nuestra capacidad de atención de forma más eficiente, hacer más cosas, establecer y alcanzar metas entre otros.

Además, si ampliamos este conocimiento a todo el equipo, podremos enriquecer nuestras relaciones laborales de manera importante y obtener lo mejor de cada uno, sin forzar nada.


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