¿Sabías que Ernest Hemingway nunca hizo nada que no fuera escribir en su mesa de trabajo? Nunca comió allí, ni leyó el periódico, ni abrió su correo postal. Escribía, nada más. Respetaba un ritual inamovible cada día: se instalaba en el mismo sitio, usaba las mismas herramientas con el mismo propósito. Se creó un espacio único y totalmente exclusivo, lo que le permitió optimizar su productividad de manera drástica.

Y es que de la misma manera que necesitamos un entorno favorable para desarrollar nuestra creatividad y generar nuevas ideas, necesitamos respetar unas reglas sencillas en nuestro entorno laboral cotidiano para ser más productivos.

Nuestro inconsciente es muy sensible a lo que nos rodea y utiliza indicadores como la hora, el lugar o las sensaciones percibidas para desencadenar pensamientos y comportamientos automáticos. Estos indicadores pueden jugar a nuestro favor o en nuestra contra.

1· El lugar.

Hemingway se auto-condicionó: obligó y entrenó su cerebro a relacionar un simple lugar (un medio físico) con cierto tipo de proceso mental (en este caso escribir). Parece sencillo pero hoy en día, tendemos a hacerlo al revés: nuestros dispositivos nos permiten hacer casi cualquier cosa desde cualquier lugar, lo que es práctico desde luego, pero limita nuestra capacidad de concentración. Digamos que sometemos nuestro cerebro a un multitasking sensorial

Lo que hay que tener claro es que este condicionamiento ocurre lo queramos o no. Parece más razonable establecer límites entonces, para poder aprovechar este fenómeno en vez de sufrirlo.

2· Los sonidos.

Los sonidos tienen mucha importancia también. El truco es el mismo: dejar que nuestro cerebro asocie ciertos sonidos con unas tareas específicas.

Podríamos por ejemplo elegir una playlist de unas x canciones y ponerla cada vez que queramos hacer algo en particular, como checkear y limpiar nuestra bandeja de entrada o escribir un post…

El autor Michael Lewis explicó que usa una única lista – siempre la misma – y la reproduce en bucle para conseguir una concentración profunda a la hora de escribir:

“Me pongo los auriculares y escucho la misma banda sonora de 20 canciones una y otra vez y ya nos las oigo. Me aísla de todo lo demás. Así no me oigo mientras estoy escribiendo y riendo y hablando conmigo mismo. Ni siquiera me doy cuenta de que estoy haciendo ruido. Estoy teniendo una reacción física a una experiencia muy cautivadora. No es un proceso disociado.”

3· Las herramientas.

Las herramientas, y precisamente los dispositivos que usamos, son el último – pero no menos importante – elemento de nuestro entorno físico de trabajo en el que nos debemos fijar si queremos aumentar nuestra productividad.

No sé tú, pero yo, si tengo el Facebook abierto mientras estoy trabajando, es muy probable que acabe dedicando unos minutos a mirar lo que se ha publicado por allí… Lo mismo pasa con youtube, el email personal, etc.

Mediante la designación y restricción de ciertos dispositivos a ciertos tipos de uso, podemos conseguir que nuestras sesiones de trabajo sean más centradas y, consecuentemente, más productivas. Puede sonar aburrido o dictatorial pero es lógico…

Existen muchas formas de crear unos hábitos de trabajo productivos. Hemingway nos enseñó una pero la elección es de cada uno desde luego. Lo que queda claro es que pasa por ponernos límites.

Y tú, ¿tienes unos truquillos que quieres compartir con nosotros?


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