El otro día recibí una invitación para asistir a unas jornadas muy interesantes sobre liderazgo: “The Global Leadership Summit.” Se trata de un evento mundial que impacta a más de 260.000 personas en 875 ciudades y 120 países. El truco está en que cada ciudad selecciona los temas que quiere tratar y los proyecta en un auditorio en alta definición, como si se tratara de las charlas de TED.

Los ponentes parecían de primer nivel, así que me dediqué a priorizar los temas y ‘speakers’ que me interesaban más y me  sorprendió muy gratamente. Entre otros ‘gurús’ reconocidos, me encontré con Liz Wiseman.

Liz Wiseman

¿Quién es Liz Wiseman y de qué habla?

Liz es una mujer extraordinaria que, después de dedicar diecisiete años de su vida como alta ejecutiva en Oracle, hoy tiene su propia empresa gracias a un excelente trabajo de investigación que acabó en un libro muy interesante.

Se titula ‘Multipliers’ y ya lleva un par de años en el mercado, tanto que también está disponible en castellano. El concepto —como todas las grandes ideas— es muy simple y muy potente. Liz se preguntó ¿por qué algunos líderes multiplican la inteligencia y el potencial de su equipo, y otros lo reducen?

Hay líderes multiplicadores y “líderes” reductores.
¿Adivina qué grupo abunda más?

Efectivamente, desgraciadamente los reductores ganan por mayoría, pero no por efectividad porque un equipo bien liderado es capaz de multiplicar su rendimiento, mientras que uno a cargo de un “líder” reductor sólo podrá aspirar a luchar por sobrevivir e ir perdiendo fuerza, talento y entusiasmo con el tiempo.

“Lo importante no es lo que sabes, sino lo rápido que aprendes.”
— Liz Wiseman

Y es que no se trata de productividad, sino de capacidad de aprender y desaprender (aspìrar); trabajar colaborando y compartiendo (transpirar); conectar con un propósito que valga la pena (conspirar en positivo); y sentir que estás contribuyendo a la sociedad con algo valioso (inspirar). En definitiva, lo que para Liz son “multiplicadores” para nosotros son “inusuales.”

Los reductores son egoistas y vanidosos, confían en su propia inteligencia, neutralizan a otros y minimizan su inteligencia y sus capacidades de aportar valor a la organización. Un reductor es la típica persona que te hace sentir tonto y que tú eres “uno más” en su camino.

Las cinco disciplinas del multiplicador

Los multiplicadores (o inusuales) son generosos, son de ese tipo de personas que te hacen sentir que eres realmente importante para ellos. Producen genios y son capaces de sacar lo mejor de su gente creando una inteligencia colectiva y viral dentro de las organizaciones. Hay cinco cosas que según Liz hacen y les distingue de los reductores:

  1. Atraen el talento como imanes y lo optimizan.
  2. Liberan la mente y fomentan la generación de las mejores ideas.
  3. Retan y proponen desafíos estimulantes para el equipo.
  4. Promueven el debate constructivo y el pensamiento crítico.
  5. Invierten en su equipo promoviendo la responsabilidad.

Probablemente conoces a más de una persona con estos atributos naturales, pero la realidad es que hay pocas que cumplan todo esto. De hecho, recuerdo mis buenos tiempos en profesionalia donde llegamos a celebrar cuatro ediciones del Premio al Directivo Plus del año. Cada vez costaba más de encontrar auténticos líderes que lo fueran por aclamación de sus equipos.

¡Cuidado! Se puede ser reductor sin querer…

Una de las cosas que más me han gustado al profundizar en la idea de los multiplicadores y reductores es que se puede aprender, no hay que nacer líder o ser de una pasta especial para ser capaz de multiplicar el potencial del equipo, pero por contra, también hay mucha gente que, a pesar de tener las mejores intenciones, se convierte en reductores por accidente, aquí tienes una infografía donde lo explica muy bien.

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Reductores por accidente

Un reductor accidental es un líder con buenas intenciones, que disminuye la inteligencia de su equipo sin querer, a veces, siguiendo las prácticas de gestión habituales de la organización. Yo diría que es alguien que piensa “yo no lo haría así, pero mi cargo me lo exige.” Liz ha identificado seis arquetipos, de los que yo en algunos hago una traducción libre para que nos entendamos.

Uso el género masculino, pero que conste que sirve también para el femenino:

  1. El optimista, que pretende fomentar la creencia de que es posible hacerlo, pero no percibe que al equipo le preocupa que también prevea que habrá fallos y dificultades en el camino.
  2. El rápido, que pretende moverse rápido, pero se queda solo porque la organización es más lenta de lo que el percibe porque hay cosas que necesitan más tiempo.
  3. El exigente, pretende marcar un estándar alto que estimule al equipo, pero los convierte en meros espectadores porque no pueden seguir su ritmo.
  4. El rescatador, tiene la buena intención de asegurarse que todos tengan éxito y de proteger la reputación de todos, pero éstos se hacen dependientes.
  5. El de las ideas, no para de proponer nuevas cosas por hacer para estimular a los demás, pero les satura porque no asume que las cosas cuestan más tiempo de lo que él piensa.
  6. El incombustible. Pretende contagiar energía al equipo, pero se come el espacio de los demás y no les deja margen de opinión, ni de acción.

Sería genial que tuviéramos un sistema para que los líderes de la organización se aseguraran sistemáticamente de ser multiplicadores y no reductores. Sin duda, los resultados al final del día, del mes y del año se notarían, no sólo en el negocio, sino en la calidad de vida de todos: empleados, colaboradores, clientes, accionistas y sociedad en general.


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