Hace mucho tiempo, los salteadores de caminos tenían una forma muy fácil de robar a la gente. Se escondían cerca de los ríos y se esperaban a que viniera alguien a bañarse. Entonces aprovechaban para llevarse las ropas y el dinero de quienes dejaban sus pertenencias en la orilla.

Esto generó el dicho “hay que saber nadar y guardar la ropa,” esto en clave de Creatividad Organizacional de hoy podríamos traducirlo como; hay que saber innovar y guardar la ropa.

Las organizaciones —por definición— funcionan para minimizar el riesgo, la innovación en cambio es una clara asunción de riesgo.

Entre desatar y sujetar

“Gestionar las tensiones en la organización es un problema permanente… uno no quiere una organización que sólo le obedezca y haga lo que tú quieres. Tú quieres una organización que razone y argumente contigo. Quieres cultivar la influencia de abajo hacia arriba, pero tienes que tener cuidado que la cosa no degenere en el caos.”

Estas son unas declaraciones de Bill Coughran, cuando fue un directivo de Google que participó en un gran trabajo que llevaron a cabo la profesora de Harvard Linda Hill, junto a Grec Brandeau, Emily Truelove y Kent Lineback. A los que hacíamos referencia en este artículo el otro día.

Linda y sus compañeros de proyecto entrevistaron a un buen número de directivos acerca de cómo afrontaban la innovación en sus respectivas organizaciones. Durante su proyecto de investigación, identificaron seis factores que necesitan ser balanceados constantemente; desatar la creatividad, versus, sujetar la innovación, fíjate en este gráfico.

desatar-sujetar

La ilustración es sólo un ejemplo y los indicadores de balanceo están ahí, como podrían estar más a la derecha o a la izquierda, depende del momento y las prioridades. Linda y su equipo plantean que todo líder creativo debería cuestionarse constantemente “¿Cómo podría…

  • Dar reconocimiento a las necesidades individuales de cada persona sin perder de vista las necesidades colectivas?
  • Animar a los miembros del equipo a apoyarse mutuamente y al mismo tiempo fomentar el debate y el espíritu crítico?
  • Impulsar la experimentación, el aprendizaje continuo y el alto rendimiento?
  • Determinar cuánta estructura —reglas, jerarquías, planificación…— es necesaria para tener límites sin inhibir la improvisación?
  • Combinar la paciencia y el sentido de urgencia?
  • Equilibrar las iniciativas ascendentes y las intervenciones descendentes?

La conclusión es que no es nada fácil “innovar y guardar la ropa” pero, como decía Vincent van Gogh:

“¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?”

Está claro que el mayor riesgo es no arriesgarse. Y ahora pregúntate tu ¿qué riesgos estás asumiendo? ¿Y tu organización?

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