«El cerebro es un órgano maravilloso; empieza a funcionar en el momento en que te levantas por la mañana y no para hasta que llegas a la oficina»

Esta irónica cita de Robert Frost resume muy bien  el problema que muchas organizaciones tienen hoy en día. La gente va al trabajo, pero no necesariamente a trabajar… O al menos a pensar en cómo aportar más valor desde su rol en la empresa. De hecho hay gente que se lo toma con mucha tranquilidad como podría parecer en esta imagen…

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Está claro que hay mucha gente que no está para nada comprometida con su trabajo, las causas son diversas, pero casi todas ellas tienen que ver con la falta de estímulo mental. En muchos casos el trabajo no es más que una mera rutina, nada estimulante desde un punto de vista mental, algo que hacemos casi sin pensar.

Hoy un buen cliente me explicaba una anécdota en la que dos directivos se acaban de conocer y uno le pregunta al otro:
«Y entonces, ¿cuánta gente trabaja en tu empresa?,»
El otro responde; «más o menos la mitad.»

Pero este tipo de ocupación tiene un difícil final puesto que la tecnología tiende a automatizar toda aquella tarea que no requiere un pensamiento creativo para ser realizada. Así se han suprimido miles de puestos de trabajo en fábricas, almacenes, agencias de viajes, etc La tecnología es muy buena para muchas cosas, pero también nos plantea retos que debemos superar.

Tenemos que aportar algo más que una tarea rutinaria si no queremos ser substituidos un día u otro por una máquina.

Fíjate en esta gráfica comparativa de la evolución del trabajo rutinario con el que no lo es en los últimos años en Estados Unidos, es realmente reveladora.

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En el libro «21st Century Skills: learning for life in our times» Bernie Trilling y Charles Fadel explican de forma clara y diáfana cuáles son las competencias que serán claves para nuestros hijos.

Capacidad de aprendizaje e innovación; creatividad; razonamiento crítico; resolución de problemas; comunicación y colaboración; flexibilidad y adaptabilidad; iniciativa y auto-dirección; habilidades sociales e interculturales; predisposición a rendir cuentas; productividad; liderazgo y responsabilidad.

Vamos que, o en las próximas generaciones eres y te mantienes inusual, o no te comes un rosco.

Me gusta especialmente la siguiente gráfica donde los autores distinguen 3 tipologías de trabajos. En los países menos desarrollados, la mayoría de la ocupación sigue siendo rutinaria, ya sea trabajo realizado por personas, o por máquinas.

En los países más desarrollados, la proporción se invierte para pasar a ser el trabajo creativo, es decir, la creatividad aplicada al negocio.

Y yo te pregunto ¿Qué tipo de trabajo haces tú? ¿Crees que tienes las competencias adecuadas para brillar en este nuevo mercado? ¿Y tu empresa? ¿Cómo usa el potencial creativo del equipo para aportar valor? ¿Tenéis una cultura creativa? ¿Cómo la medís, cuál es el retorno? ¿Sois capaces de generar buenas ideas de forma sistemática? ¿Cómo lo hacéis? ¿De 0 a 10, qué ratio de ausentismo creativo hay en tu organización? ¿A qué se debe? ¿Cómo podéis mejorarlo? ¿Seguimos?

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