Desde pequeña he hecho aquello que consideraba que estaba bien, sin importar lo que me dijeran mis padres, hecho que traía más de un mal de cabeza a la familia. Lo que ellos no entendían es que tenia la suficiente capacidad comprensiva para asimilar lo que me decían, procesarlo y aplicarlo según mi criterio propio. Aún así, mis padres no dudaban en recriminarme que era una mal educada, a lo que yo les contestaba que “ellos me habían enseñado bien, en todo caso era una mal aprendida por no hacer las cosas de la manera que me decían”.

Es curioso como todos somos educados para obedecer a la autoridad. Ira Chaleff, autor del libro Intelligent Disobedience: Doing Right When What You’re Told to Do Is Wrong, asegura que:

Nos podemos rebelar en contra de ella, pero existe una profunda programación dentro de nosotros que nos hace no hablar fuera de turno. Para unos pocos, esto se presenta con naturalidad, pero para la mayoría no. Seguimos el orden aun cuando estamos incómodos y pensamos que está mal. Tenemos que superarlo.

¿Qué es la desobediencia inteligente?

La mejor manera de meter a un directivo en problemas es poniendo en práctica todo lo que este ordena, sin tener en cuenta si es apropiado o no. Mientras que la mayor parte del tiempo se espera que obedezcas de manera funcional, a veces es peligroso.

El adiestramiento de los perros guías es un ejemplo muy claro. Los primeros 18 meses aprenden a obedecer ordenes, pero después llevan su conocimiento a un nivel superior: se les enseña la desobediencia inteligente. Un perro debe saber cuando llega una orden que, si se ejecuta, produciría un daño a su equipo en sí y a su propietario, dice Chaleff.

Por lo que se refiere a la gestión de riesgos, debemos darnos cuenta que se está creando una cultura que no es compatible con la sinceridad, cuando debería ser al revés. Se debería animar a los empleados a que fueran sinceros y se debería respetar sus opiniones o puntos de vista, por muy diferentes que sean.

Cuidado, utilizar la desobediencia inteligente no es excusa para decir medias tintas, retener información o romper las reglas corporativas intencionalmente sin comunicarlo a la dirección.

¿Cómo promoverla?

Un líder debe dar espacio para que sus empleados puedan dejar sus propias huellas.

  • Empoderar a los trabajadores: las empresas deben apoyar a las personas que tienen el valor de decir lo que piensan. Los empleados deben ser entrenados para que si ven un problema potencial, se lo consulten a un compañero de confianza.
  • Mejorar la forma de hablar: los empleados también deben ser entrenados para exponer sus ideas con voz firme, controlando el tiempo y con respeto.
  • Identificar las cadenas de mando: la dirección necesita ser entrenada para prestar atención a un empleado que intenta hablar sobre un problema de seguridad potencial o una mala decisión.

Chaleff también establece un proceso para que te examines cuando te sientas inseguro por la orden que te ha dado un superior:

  • Pausa: lucha contra el impulso de obedecer cuando te enfrentes con una situación que te incomoda.
  • Evalúa: pregúntate por qué te sientes inseguro. En base a la información de la que dispones y el contexto en que se da la orden, si obedecer es probable que produzca más daño que bien, entonces la desobediencia es la decisión correcta.
  • Cuestiona: Antes de desobedecer una orden de tu jefe es bueno pedir una aclaración. Si como respuesta obtenemos un silencio, un cambio de tema o un signo de vergüenza significa que debes preguntar otra vez de manera más segura.
  • No dejes de presionar: Si no recibes una respuesta suficiente, debes prepararte para desobedecer inteligentemente.

Al final del día, la desobediencia inteligente no trata sólo sobre protegerse uno mismo, sino de proteger a todo el equipo.

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