Cuenta una historia originaria de la India que una vez se le pidió a seis ciegos que determinaran como era un elefante palpando diferentes partes del cuerpo del animal.

El hombre que tocó la pata dijo que el elefante era como un pilar; el que tocó su cola dijo que el elefante era una cuerda; el que tocó su trompa dijo que era como la rama de un árbol; el que tocó la oreja dijo que era como un abanico; el que tocó su panza dijo que era como una pared; y el que tocó el colmillo dijo que el elefante era como un tubo sólido.

Esta parábola fue recreada en el siglo XIX por el poeta John Godfrey Saxe que escribió su propia versión con forma de poema. Desde entonces, el relato ha sido publicado en numerosos libros para adultos y niños, recibiendo numerosas interpretaciones.

Aquí te dejo una de las muchas ilustraciones que puedes encontrar en la Red si buscas un poco googleando «The Blind Men and the Elephant.»

elephant_blind_men

¿Cuántas veces te has encontrado en una discusión donde lo que tú ves es muy distinto frente a lo que ve la otra persona y al final descubrís que estáis hablando de la misma cosa, pero desde diferentes puntos de vista? ¡Ambos correctos!

Por años que pasen y antigua que se haga la historia, no deja de sorprenderme que siga siendo tan actual, parece que no aprendemos. Cuando tenemos algo delante que se escapa de nuestra capacidad de comprensión nos formamos una opinión y de ahí no nos mueve nadie.

La creatividad es como un elefante

La creatividad –así como otros grandes temas en la empresa– es como un gran elefante que se pasea por los pasillos, el vestíbulo o la cafetería. Nadie tiene una visión completa, todas las lecturas son parciales y muy a menudo, muy distintas las unas de las otras.

Algunos piensan que la creatividad consiste en dibujar colorines y poner post-its en las paredes, hacer ‘workshops’ y esas cosas, pero que realmente no sirve para mucho más que para justificar el sueldo de algunos departamentos de la empresa.

Otros piensan que la creatividad es aquello que se le ocurre al «gran jefe», o al comité de dirección, que son «los que piensan las cosas,» para que luego esta idea pase al área de «los que hacen las cosas» y se dediquen más bien a opininar si la idea es buena o no, más que a ejecutarla de forma inteligente y alineada con los objetivos de la empresa.

Otros piensan que la creatividad no tiene cabida en la empresa y que eso es cosa de artistas, que aquí estamos para trabajar y para vender, y que el resto son patochadas (por no decir una palabra más fuerte).

¿Y cuál es la realidad?

Pues que todos en cierta forma tienen razón, pero todos están equivocados. Porque todos están viendo sólo una parte del elefante y nadie se ha preocupado de analizarlo y de conocerlo a fondo.

elephant skin
Lo tenemos tan cerca, y lo conocemos tan poco…

¿Cómo saber cómo; algo tan grande, tan potente y tan complejo puede ayudarnos en estos tiempos de cambio constante?, ‘VUCA’ (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad).

Como ya decía Heráclito en la antigua Grecia, ‘lo único constante es el cambio» y hoy más que nunca el cambio es realmente lo único que no cambia.

Ante esta situación, las empresas se ven en la paradoja de tener a un personal preparado para la eficiencia basada en los procesos repetitivos, cuando en realidad fuera el mercado está pidiendo que nos adaptemos de forma rápida y flexible: que tenemos que ser ¡ágiles!

Y nosotros nos engañamos diciendo, «si ya somos ágiles» mira qué rápido vamos, tenemos afinados nuestros procesos, operaciones, ‘lean management’ optimización… Pero no se trata de esa agilidad que consiste en hacer «lo mismo de siempre», sino de buscar nuevas soluciones a problemas complejos constantes, de ahí la necesidad de necesitar al «elefante» de la creatividad organizacional.

¿Y cómo se come eso? Pues a trocitos que no indigesten, así que mejor lo dejamos aquí y seguimos en mi próximo post. ¡Que aproveche!

¿Y tú qué dices?

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