El pasado mes de marzo os hablaba de lo que el psicólogo estadounidense Daniel Kahneman descubrió y plasmó en su Ted Talk titulado “The riddle of experience vs memory”. El mensaje principal era que cuando se trata de comprar un producto o servicio, nuestras decisiones se basan en nuestros recuerdos y no en nuestras experiencias.

Resumiendo, los pobres mortales que somos no elegimos las mejores experiencias de manera imparcial, sino los mejores recuerdos de estas experiencias. Lo que importa de verdad y tiene un impacto real en nuestras acciones posteriores es nuestra percepción de la experiencia, no su transcurso objetivo.

Ahora bien, resulta que nuestro inconsciente no sólo influye en lo que compramos, sino en cualquier cosa que hagamos. Es lo que el también psicólogo Tom Ward llama “el camino de la menor resistencia”.

Sea lo que sea lo que estamos haciendo, nuestro cerebro categoriza la situación de manera instantánea y automática en base a nuestra experiencia previa, o al recuerdo que tenemos de ella seguramente.

¿Concretamente qué significa?

Pues, que aunque queramos crear algo nuevo y audaz y pongamos todos nuestros esfuerzos en ello conscientemente, nuestra memoria insiste en sacar contenido probado y “etiquetado” como veraz.

Nuestro cerebro juega en nuestra contra en cierto modo y se convierte en el enemigo de nuestra creatividad.

Puede sonar terrible pero cuando lo piensas, tiene todo el sentido del mundo. La mayor parte de nuestras tareas cotidianas precisan de ser condicionadas por nuestras experiencias pasadas. Conducir el coche, lavarse los dientes, preparar el café… No necesitamos nuevas maneras de hacer estas cosas. Como máximo necesitamos practicar para mejorar, pero nada más.

El camino de la menor resistencia es lo que nos sirve en muchos casos y nos permite aplicar los conocimientos adquiridos previamente de manera eficiente. Es lógico que sea una parte central de la forma en que nuestras mentes están diseñadas.

Dicho esto, cuando hablamos de procesos creativos, hay que reconocer que la situación fastidia un poco…

Entonces, ¿qué hacemos?

Según Art Markman, lo primero que debemos hacer es ser muy conscientes de lo que está pasando y de la manera en la que nuestro cerebro limita nuestra visión de las cosas.

Se trata de identificar el origen de nuestros pensamientos y la experiencia que condiciona las soluciones que vemos para poder reconducir nuestra reflexión y abrir la mente. ¿Por qué estamos interpretando las cosas de esta forma? ¿Qué aspecto de nuestra experiencia personal nos está influyendo?

Luego, debemos “modificar” nuestra memoria. Estos son los 3 pasos que recomienda el profesor:

1. Ampliar la información.

Aquí el objetivo es enriquecer nuestra memoria con nuevos contenidos.

La idea es que salgamos de nuestra zona de confort al entrar en contacto con otro tipo de información, con cosas que no “consumimos” habitualmente: leer a un autor o escuchar a un compositor desconocido, asistir a una conferencia que trata sobre un tema del que no sabemos nada.

En fin, crear nuevas experiencias que nos permitan generar recuerdos adicionales de los que tirar.

2. Re-enmarcar el problema.

Nos recomienda que usemos otras palabras para definir el problema que intentamos resolver. Una vez hemos identificado el pensamiento limitador y lo hemos nombrado en voz alta, debemos re bautizarlo para romperlo y acabar con las barreras mentales asociadas.

3. Cambiar el equipo.

Esto Dani ya lo explicó en uno de sus últimos posts: trabajar con gente que piensa como tú, tiene los mismos gustos y comparte tus perspectivas es muy cómodo pero poco productivo a nivel creativo.

Digamos que lo único que hace un grupo así es auto confirmarse que lo está haciendo bien y de la única manera razonable… Para conseguir resultados diferentes y sorprendentes, debemos rodearnos de personas que tengan visiones radicalmente opuestas a las nuestras. No será fácil ni agradable, pero seguramente interesante, fructífero y gratificante.

Para concluir, diría que la creatividad se podría comparar a un músculo que no solemos solicitar pero que podemos desarrollar y hacer muy fuerte con entrenamiento.

Hago pilates y una cosa que tengo clara ahora es que hacemos muchas cosas “mal” sin querer, simplemente porque no las pensamos y no somos conscientes de que las podríamos hacer de otra manera. Es cuestión de cambiar el chip e ir practicando. Luego toca aguantar las agujetas, pero vale la pena

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