El otro día hablaba sobre cómo aprendemos, hoy sigo con el mismo tema enfocándome en los dos ingredientes imprescindibles para que esto suceda: la emoción y la motivación. También me baso en el mismo documento del otro día «The Nature of Learning.»

La emoción

Piensa por un momento en algo que aprendiste en la infancia, lo primero que te venga a la cabeza, y ahora intenta identificar cómo te sentías. Probablemente recordarás aquellas cosas que aprendiste sintiendo una emoción positiva porque podríamos decir que las emociones operan consistentemente en nuestra mente para guiar lo que aprendemos.

Las emociones positivas actúan de fijador en nuestro cerebro, las negativas pueden llegar a inhibir el aprendizaje, la mente tiende a olvidar aquello que no le es grato, con lo que si aprendemos cosas sintiendo una emoción negativa, probablemente recordaremos más cómo nos sentimos, que la idea o el contenido en sí de lo que se supone que debíamos aprender en ese momento.

La motivación

Al igual que sucede con las emociones, la motivación positiva de una persona hacia una tarea para aprender algo, aumenta de forma significativa la efectividad del aprendizaje en sí. no es lo mismo verse obligado a aprender algo que tener ganas de hacerlo. En esto influye mucho la manera en cómo se presentan los contenidos y el formato en cómo se supone que deben aprenderse.

Por ejemplo, con los niños pequeños, es evidente que hay que hacerlo jugando, los buenos profesionales consiguen crear un contexto lúdico en torno a un contenido clave. El caso que en personas adultas también funciona, aunque no siempre se consigue. Por ello se han hecho tan populares los enfoques de aprendizaje basados en el juego, te recomiendo este artículo sobre «Game-based learning» si te interesa el tema.

El aprendizaje

En el fondo se trata de vincular motivación con actividad pura donde la persona «hace aquello que quiere aprender,» algunos le llaman «enseñanza orientada a la acción«, otros como Robert Schank «learning by doing» que lo resume de forma magistral:

“El aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar”

De hecho Edgar Dale ya se hizo conocido por su famoso «Cono de la experiencia» que representa la profundidad del aprendizaje realizado con la ayuda de diversos medios. Dale hizo diversas contribuciones a la instrucción visual y auditiva, incluyendo una Metodología para analizar el contenido de las películas.

Cone-of-Learning

En la cúspide del cono se encuentra la Representación oral (descripciones verbales, escritas, etc). En la base del cono, representando la mayor profundidad de aprendizaje, se encuentra la Experiencia directa (realizar uno mismo la actividad que se pretende aprender).

¿Y esto que tiene que ver con la innovación creativa?

Pues porque, si bien la creatividad es algo que tenemos todos los seres humanos, no es menos cierto que es una habilidad que puede y debe desarrollarse si pretendemos que se convierta en un hábito dentro de la organización.

«Ya podemos gestionar cosas, que como no incluyamos la creatividad como un elemento clave en la actividad de la organización, estaremos condenados a extinguirnos un día u otro».

Te recomiendo el libro Creative Thinkering de Michael Michalko como una buena introducción a este tema. Tiene libros que son auténticas joyas de la creatividad aplicada a la empresa como «Cracking Creativity: The Secrets of Creative Genius«, o «Thinkertoys: A Handbook of Creative-Thinking Techniques

Si tienes ganas (motivación) de aprender por estos temas, aprovéchalas porque eso te va a hacer sentir (emoción) muy bien y va a proporcionarte un aprendizaje que no olvidarás nunca, ni tú, ni nadie que experiemente lo mismo


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