Ahí estaban. En cada esquina, rincón, entre diferentes dispositivos… Ojos atentos 24×7 sobre las espaldas de cada empleado. Visibles y conocidas por todos. Sí, cámaras de vigilancia y no de seguridad.

“Si ellos saben que están y se sienten vigilados, actúan de forma diferente”.

Me quedé perplejo. Rondaba el año 2003 cuando visité una ingeniería del sector del automóvil y vi por primera vez cómo controlaban al personal las entradas y salidas de su cubículo hasta para ir a los aseos. Una tarjeta registraba la apertura de todos los puntos de acceso.

“Creo firmemente que no hay que controlar ni vigilar a nadie. Los valores, la confianza y la profesionalidad de cada persona están por encima de todo”.

¿Cuál es el problema?

Últimamente pienso que son los derechos. Todos tenemos derechos. Unos como trabajadores, otros como empresarios.

Si circulo con bicicleta en mi carril bici y hay peatones, estoy en mi derecho de avisarlos con la bocina para que se aparten, incluso si se trata de una persona mayor con dificultades de visión. Si soy peatón y tengo que cruzar la calle, estoy en mi derecho de hacerlo sin calcular la velocidad de las bicicletas, porque han de parar.

No hay margen de error para los peatones ni para las bicicletas. No hay margen de error para los empresarios ni para los trabajadores.

¿Cómo se traduce el problema?

La necesidad de tener “controlados” a los empleados es directamente proporcional al micromanagement que realizan los responsables.

El micromanagement requiere saber qué está haciendo cada persona en cada momento. Hay que realizar una serie de tareas en un tiempo limitado. Hay que optimizar. Hay que ser eficientes y efectivos. No pueden haber desperdicios de ningún tipo. Lean ante todo.

En sectores productivos en los que hay una cadena de producción funcionará. Si lo aplicas a profesiones creativas, de trabajo basado en el pensamiento y la experiencia, en entornos inciertos, esto no tiene sentido.

“El control y la justificación de horas denotan falta de confianza, consecuente de no poner en valor lo que hacemos… o de que no se le da valor a aquello que hacemos”.

Cuando se produce el micromanagement sueles tener esa necesidad de estar “encima de todo”. Si puedes tener a tu equipo trabajando codo con codo, mucho mejor. No es para hacer un “eXtreme Programming”, es para sentirte tranquilo. Para saber que estáis trabajando para aquello que necesitáis. Para resolver los problemas que surjan sin tener un plan ni una previsión.

¿Cómo solucionarlo?

Hay que ver los entornos. He visto cadenas de producción sin cámaras, donde el control era realizado mediante todos los indicadores de calidad del sistema.

En entornos más inestables o con incertidumbre, es diferente. Desde mi punto de vista es importante tratar los siguientes aspectos:

  • Trabajar con objetivos SMART, dejando claro qué se espera. Pueden ser tan a corto plazo como sea necesario si el proyecto es complejo o con mucha incertidumbre.
  • Comunicando los avances que se realizan, en un sistema adecuado.
  • Generando confianza.
  • Respondiendo a los objetivos y, en caso de no hacerlo, exponer los problemas y proponer soluciones de forma proactiva.
  • Implicando a todas las personas y motivándolas, tanto en aquello que están haciendo como sobre el crecimiento que puedan tener.
  • Proporcionando las competencias y conocimientos que puedan faltar dentro del equipo.

No tiene sentido querer controlar todo lo que las personas hacemos. Dicen que “hecha la Ley, hecha la trampa”. De momento, aún no podemos entrar en la cabeza ni en el sistema físico de cada uno para evaluar el pensamiento ni el cansancio. Pero sí podemos evaluar si hemos alcanzado objetivos según esperábamos.

Pienso que dar confianza y esperar una respuesta positiva es una buena base para empezar. Si se produce, el escenario es perfecto para crecer a nivel profesional y a nivel de equipo. Cuando esa relación se rompe, empiezan los malentendidos que fomentan el micromanagement.

¿Te sientes en un entorno así? Si es que sí, espero que te haya podido dar ideas para cambiarlo. Si es cultura de empresa, será difícil, pero intentarlo por parte de todo el equipo vale la pena. Si tienes la suerte de trabajar en un entorno transparente, no rompas la relación. La confianza es muy difícil crearla, pero fácil perderla.

¿Y tú qué dices?

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