A veces, cuando hablamos de innovación damos por supuesto que es un proceso lógico y que sólo se trata de liberar tiempo y recursos de la gente para que genere un montón de ideas en unos cuantos «workshops» llenos des «post-its» y pósters pintados con colorines, pero eso no es cierto, muchas veces eso es una auténtica pérdida de tiempo porque hemos puesto el «carro antes que los caballos.»

Innovar es un proceso orgánico, no algorítmico

No se innova a partir de una hoja de cálculo, se trata de encontrar nuevas soluciones a problemas complejos ya existentes. Para que germine la innovación es necesario que hayan buenas ideas, pero para que estas ideas sea realmente buenas deberemos saber con qué criterios las vamos a seleccionar.

Tampoco se innova cambiando las oficinas de aspecto, de la misma forma que no nos hace más sabios leer un libro. Se trata de usar cada cosa de forma adecuada en el momento y contexto adecuado.

Innovar requiere tiempo, por eso me gusta tanto usar la metáfora del cultivo. Al fin y al cabo cultivar significa «dar a la tierra y a las plantas las labores necesarias para que fructifiquen»

Si la innovación no da fruto, no es innovación, se queda en el intento y erosiona la capacidad creativa de la organización.

Igual que hay muchas personas que piensan que no son creativas, también hay muchas organizaciones que piensan que no saben innovar porque cada vez que lo han inventado, han fracasado ¿pero lo han intentado lo suficiente?

Parece que no crece, pero lo hace

Del mismo modo que cuando plantamos algo tenemos que esperar tempo a que se vean los resultados, también sucede así con las personas, hay que creer en ellas, en su capacidad creativa, hay que darles la oportunidad de poner su mente a trabajar, a que salgan de la caja y a que comprueben que vamos en serio, y eso requiere pocas palabras y más de una acción tomada desde arriba, aquí algunos buenos ejemplos de «fertilizantes» para la innovación que funcionan de maravilla:

  • Establecer un tiempo para innovar y/o aprender, no sólo dar permiso a la gente para que innove o invente algo relacionado con su labor diaria, sino animarles a que lo hagan de forma regular y permitirles que se equivoquen. Si no inventan algo nuevo, al menos sabrán una nueva manera de no hacerlo.
  • Pedir a cada colaborador que pruebe algo nuevo que no haya hecho nunca, y que luego lo apunte y lo enseñe a sus compañeros. Tomar nota de los avances y extraer conclusiones en grupo en reuniones mensuales sobre cuántas cosas hemos creado nuevas este mes…
  • Dejar espacio a la gente para que piense fuera de la oficina. ¿De verdad pensamos que aunque estén todas las horas sentados en sus mesas van a producir más que si les animamos a usar parte de este tiempo a buscar inspiración observando el mundo que nos rodea?
  • Tener un buen espacio en la oficina que fomente el pensamiento creativo, aunque las mejores ideas se nos ocurren fuera del trabajo, si la organización dispone de un espacio distinto habilitado y adecuado para fomentar el pensamiento no lineal, la gente lo usará y dará resultados.
  • Usar un buen software de gestión de ideas alineado con la estrategia. Lo interesante no es que la gente genere ideas, sino que éstas den respuesta a los retos y prioridades estratégicas de la organización, por ello es importante que si disponemos de un software de gestión de ideas, este permita primero establecer cuáles son los retos y prioridades estratégicas de la compañía para que luego las ideas sean una respuesta a éstos.
  • Que los premios a las mejores ideas o innovaciones no sean sólo individuales, sino de equipo. Eso fomentará la colaboración y la cultura innovadora a nivel organizacional. Cuando los reconocimientos son individualistas, las innovaciones también lo son. De hecho fomentamos actitudes egoístas donde la gente piensa que si comparte sus ideas con otros, pueden ser copiadas…

No fertilizar con «las sobras»

Volviendo a la metáfora de la agricultura, en muchos casos, —en los procesos de cultivo ya maduro— donde lo que cuenta es el volumen de la cosecha, es de práctica habitual usar el estiércol como fertilizante. Esto es muy bueno para los procesos y productos maduros (de volumen), pero puede no serlo para las innovaciones. Si queremos encontrar algo nuevo, tenemos que usar nuevos procedimientos.

Hay muchas maneras de fertilizar la innovación, pero todas ellas tienen que ver con poner a las personas en primer lugar y en el centro del proceso. Si lo hacemos de cualquier manera, obtendremos cualquier cosa. Si les damos un tratamiento especial, puede que consigamos acelerar el crecimiento y conseguir que los frutos de la innovación sean de la máxima calidad. Al fin y al cabo, de eso se trata, ¿no?

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