A nadie se le escapa que estamos yendo hacia un modelo de sociedad en el que el cliente o el usuario —según sea el caso—, tienen más importancia que nunca. Hoy en día la organización que no esté centrada en su cliente/usuario está tirando piedras sobre su propio tejado. La idea no es nueva:

Sólo hay un jefe. El cliente. Y él puede despedir a todo el mundo, desde el presidente hacia abajo, simplemente gastando su dinero en algún otro sitio. — Sam Walton

Esta cita ya tiene unos cuantos años, cuando el cliente no era, ni de lejos tan relevante como ahora. Y todavía hay gente que se comporta como si esto no fuera importante ¿tienen un problema?

El caso es que para que el cliente nos elija, necesitamos diferenciarnos —no copiar a otros—. Y si queremos no copiar, tenemos que crear. ¿Pero qué significa crear? ¿Es lo mismo que imaginar? ¿Hablamos de innovar?

Imaginar

Mi buen amigo Santiago Rodríguez tiene una frase que lo dice todo: “Creativo no es el que imagina, sino el que hace imaginar.” No podemos crear si antes no imaginamos, y la prueba de que la idea creativa es buena, es porque hace imaginar a quien la conoce. Libera la mente y encuentra conexiones que no existían. ¿Entonces, qué diferencia la imaginación de la creatividad?

Voy a pedirte algo, piensa en un deseo por unos segundos cualquier cosa que te haga feliz… ¿Lo tienes? Eso que acabas de hacer, es usar la mente para imaginarte cosas. Sólo has necesitado unos segundos, y podrías atravesar el mundo, incluso galaxias, en apenas un abrir y cerrar de ojos.

Si queremos usar —o aplicar— la imaginación para conseguir algo, entonces tenemos que poner foco y conducirla. Seguro que si te pregunto ¿cuál es el reto más importante que tienes en el trabajo? te imaginas cosas más concretas ¿verdad? Osea, la imaginación se puede enfocar pero sigue siendo invisible.

Como ves, la imaginación es un proceso psicológico, sucede en el interior de nuestra mente. Surge normalmente de un deseo —o necesidad— y no se materializa hasta que no creamos algo con ello.

Crear

Sigamos con el ejercicio, si te pregunto ¿cómo es la casa de tus sueños? y te pido que la dibujes en un papel o la describas en un texto, seguro que te sale algo completamente distinto a lo de cualquier otra persona en el mundo.

Ese es el fruto de tu creatividad; una plasmación visible de lo que ha salido del uso de tu imaginación, algo que empieza a tomar forma, que puede compartirse y que es la semilla de un posible proyecto que quizás algún día podría convertirse en realidad. O no. La creatividad sola no sirve.

Mientras que la imaginación es invisible, la creatividad debe ser tangible, es la semilla de algo que puede crecer —si lo cultivamos bien— y para ello necesitamos darle forma. La imaginación se ocupa del QUÉ. La creatividad se ocupa del CÓMO. La innovación del CUÁNTO.

Innovar

Si la imaginación es el deseo y la creatividad es la semilla, la innovación es la cosecha. ¿Cuánto valor tiene lo que hemos plantado? Ojo, no hablamos de inventar, sino de innovar. Como bien dice Mathilde en uno de sus artículos, alrededor del 40% de las patentes presentadas en la Oficina Europea de Patentes no se explota y la experiencia de los directores de I+D ha demostrado que sólo una patente de cada 1.000 genera beneficios excepcionales.

El número de patentes permite medir la capacidad de invención, no de innovación.

Como digo, la innovación se ocupa fundamentalmente del CUÁNTO, mientras que la imaginación y la creatividad son ambiguas, la innovación es concreta. Puede ser interpretada de muchas formas —como todo— pero cuando hablamos de innovación, hablamos de valor, y eso tiene que ver con cantidad.

¡La cantidad se mide! Tendremos que ponernos de acuerdo con la métrica de la innovación, pero cuando la tengamos, habremos empezado a usar un lenguaje común.

Por tanto, si bien evaluar la buena imaginación y la buena creatividad es un trabajo difícil y muy discutible, la innovación, o se puede medir, o no es innovación.

Normalmente el valor lo medimos de forma cuantitativa y cualitativa. Con la primera es más fácil ponerse de acuerdo. Por eso se usa más en las organizaciones.

Con la segunda ya cuesta más, y donde haya una valoración positiva, siempre habrá una negativa. Ambas serán complementarias, pero hay una métrica que supera con creces a todo el resto: ¿qué dice tu cliente?


Do you want more posts like this?