Hace un tiempo nos preguntábamos si las empresas grandes podían ser ágiles y llegábamos a la conclusión que el tamaño no era necesariamente una limitación para la agilidad, aunque parece evidente que cuanto más grande sea una organización, más difícil le resultará moverse de manera ágil en el entorno actual.

De hecho, la práctica totalidad de las organizaciones con las que trabajamos son de un tamaño considerable y una de las cosas que más les preocupa cuando empezamos a hablar en confianza es su tamaño como factor limitante. Miran a las startups que aparecen en el mercado y piensan, «estos son pequeños hoy, pero pueden hacernos la vida muy difícil mañana».

El tamaño puede ser un problema

Qué significa ser Ágil

La agilidad, etimológicamente proveniente del latín “agilitatis”, es la aptitud que tiene alguien de ejecutar rápida, ligera y eficazmente tareas de índole física (como la bailarina que ilustra este artículo) o intelectual, como un profesor de matemáticas enseñando a sus alumnos a calcular mentalmente.

La agilidad física es posible hallarla en varias especies animales, aún más desarrolladas que en el hombre, como en el caso de los simios o los felinos. En cambio la agilidad mental es privativa del ser humano, y puede expresarse en la facilidad para hacer cálculos mentales, encontrar rápidamente la solución a un problema.

Qué significa Innovación Ágil

Si decimos que la agilidad está relacionada con ser flexible y rápido, la innovación ágil tiene que ver con:

La capacidad de encontrar, formalizar y llevar a cabo soluciones nuevas y valiosas generando un impacto positivo en el entorno.

El concepto ágil se está usando últimamente mucho para añadirlo como atributo a campos donde antes no era conocido. Hace poco Dani hablaba de él para referirse a que se trata más de una actitud, que de un proceso. El Manifiesto por el Desarrollo de Software se creó en la primavera de 2001 y decía cosas tan interesantes como estas:

«Estamos descubriendo formas mejores de desarrollar software tanto por nuestra propia experiencia como ayudando a terceros. A través de este trabajo hemos aprendido a valorar:

Individuos e interacciones sobre procesos y herramientas
Software funcionando sobre documentación extensiva
Colaboración con el cliente sobre negociación contractual
Respuesta ante el cambio sobre seguir un plan

Esto es, —decían— aunque valoramos los elementos de la derecha, valoramos más los de la izquierda».

Podríamos adaptar el texto original a un posible Manifiesto de Innovación Ágil simplemente substituyendo el término «software» por el de «innovación.»

Pero cuando hablamos de innovación ágil nos referimos también a la metodología que usamos; a ciclos de trabajo más cortos y por tanto más rápidos, que permiten iterar frecuentemente con el cliente o el mercado. Innovación ágil es también aplicar la cultura del prototipado rápido, o mejor dicho al pretotipado, que acuñó hace un tiempo Alberto Savoia del que puedes obtener más información aquí.

Tal y como dice Alberto en su web:

Lo más importante en la innovación, no es ser capaces de generar nuevas ideas para nuevos productos y servicios, sino saber cuáles son las mejores para poder conseguir el éxito en el mercado.

La innovación ágil y el pretotipado nos permiten testar las ideas rápidamente, de forma económica y antes de que vayamos a invertir una mayor cantidad de tiempo y presupuesto a una hipotética idea, que promete mucho, pero que quizás no funcione.

Como ves, innovar de forma ágil tiene más que ver con la manera de ver las cosas, que con el tamaño de la organización, aunque desgraciadamente algunas veces vayan unidas. Si formas parte de una organización grande pregúntate: ¿somos capaces de innovar de forma ágil? ¿lo son nuestros competidores? ¿cuánto de amenaza supone?

¿Y tú qué dices?

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