Mucha gente piensa que la creatividad en los negocios no sirve para nada, por otra parte, hay quien piensa que sin creatividad los negocios no podrían funcionar ¿quién tiene razón?

Antes de seguir, lo primero que deberíamos definir es qué entendemos por creatividad, porque aquí tampoco hay consenso. Si le preguntamos a Google «definición de creatividad» podemos estar días leyendo sin acabarnos todo el contenido disponible. Cada uno lo defiende o define a su manera, pero lo cierto es que prácticamente todos estarían de acuerdo en esta versión muy simple:

«la creatividad es la capacidad de generar ideas nuevas y útiles»

A mi particularmente me gusta una de Torrance que dice así:

«La creatividad es un proceso que vuelve a alguien sensible a los problemas, deficiencias, grietas o lagunas en los conocimientos y lo lleva a identificar dificultades, buscar soluciones, hacer especulaciones o formular hipótesis, aprobar y comprobar estas hipótesis, a modificarlas si es necesario además de comunicar los resultados.»

Digo que me gusta porque explica el «qué» a través del «cómo» y eso es siempre algo bueno en temas tan teóricos como estos. De hecho creo que la causa principal de que muchos ejecutivos huyan de la creatividad o la menosprecien se debe precisamente a que está situada en un plano muy teórico.

Otra lectura muy común es el ego que muy a menudo aparece relacionado con la creatividad. Lejos de la creatividad organizacional, estamos muy acostumbrados al uso de la creatividad en el arte o en el espectáculo, (incluso en el diseño y la publicidad).

En ese caso la creatividad va siempre (o en muchas ocasiones) vinculada a la autoría de alguien en concreto y por tanto al potencial ego del autor que —como artífice de la «obra»— cobra un rol preponderante. Esto engrana muy mal con el concepto de organización, que es por definición, no un sujeto individual, sino colectivo.

La creatividad se entiende cuando es útil

Estamos rodeados de cosas nuevas, constantemente aparecen nuevos productos y servicios, pero sólo memorizamos aquellos que nos resuelven algún problema en concreto, o nos cubren una necesidad no satisfecha hasta ahora. Es decir la creatividad sin innovación no sirve, es sólo una parte, aunque es crítica y esencial.

Fíjate en esta matriz donde cruzamos «novedad» con «utilidad», cuando el producto o servicio es algo nuevo y útil, ocupa el lugar que se merece, a esto le llamamos «producto creativo.»

producto-creativo-inusual

Por ejemplo el «iPod» que irrumpió en el mercado creando su propio espacio y convirtiendo en obsoleto el resto de sistemas que habían hasta entonces para llevar la música personal a todas partes. En este cuadrante podríamos colocar cualquier producto o servicio que se percibe como nuevo y útil desde una masa crítica de clientes.

Si el producto es muy nuevo, pero no es útil, o resulta decepcionante en su uso, ocupa entonces el cuadrante superior izquierdo en el que acaban todas las nuevas ideas que no consiguen hacerse un hueco relevante en el mercado.

Si el producto o servicio es muy útil, pero no es nada nuevo, ocupa el cuadrante inferior derecho, el de los «legendarios.» Productos como los cubiertos, los ladrillos, los matamoscas, los exprimidores, etc, que soportan el paso del tiempo y sólo sufren pequeñas modificaciones de forma, pero no de función.

Finalmente los productos obsoletos; o bien aquellos que aportan muy poco valor y han estado siempre ahí; son los que ocupan el cuadrante inferior izquierdo, de estos no vale la pena hablar mucho porque seguro que sabes a cuáles me refiero. ¿verdad?

 ¿Pero cómo se consiguen productos creativos?

Si fuera tan fácil o hubiera una fórmula mágica, todo el mundo la usaría. A todo el mundo le gustaría estar en el cuadrante superior derecho pero muy pocos lo consiguen, ¿a qué se debe?

Mucha gente piensa que para que un nuevo producto o servicio triunfe hace falta una buena idea, y eso es verdad. Pero también es verdad que

aunque tengamos una idea genial, si no somos capaces de llevarla al mercado, se quedará en un mero ejercicio de virtuosismo.

Para que una buena idea sea un éxito, no sólo hace falta tenerla, eso es sólo el principio. A menos que la idea esté al servicio del futuro cliente o usuario, todo esfuerzo será insuficiente.

Las buenas ideas pueden aparecer en cualquier momento y hay que aprovecharlas.

Pero para conseguir que eso no sea un hecho aislado y fomentar una cultura creativa potenciando la capacidad innovadora de las personas en la organización, es necesario incentivar la experimentación, facilitar la colaboración, impulsar el aprendizaje continuo y medir los resultados.

Nada de eso se consigue por casualidad, no se innova sin querer, hay que proponérselo y trabajar duro para que suceda. Por ello es crítico que exista el liderazgo creativo en la organización. Mira en este esquema cómo se relaciona cada parte del sistema.

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Las personas forman equipos que trabajan de acuerdo a un proceso (en este caso creativo), esto sucede en un entorno colaborativo donde hay espacio para el aprendizaje a través de la experimentación y –por tanto— produce un resultado innovador a través de la creación de muchas ideas de forma sistemática. Algunas más buenas que otras, pero todas necesarias.

Lo que conseguimos con esto es el cambio deliberado (no casual) que muchos equipos directivos intentan y muy pocos lo consiguen de verdad, porque  no se trata de decirle a la gente lo que tiene que hacer, son ellos los que deben decírnoslo, es su trabajo. El nuestro es darle sentido y hacerlo posible desde una visión estratégica de largo plazo.

El liderazgo creativo acompaña y soporta todo este proceso de innovación, no es ajeno a él.

Y qué pasa cuando un directivo o directiva dice «pero yo no soy una persona creativa.» Yo les diría, no hace falta que los líderes sean creativos a nivel personal, sino que sean capaces de generar una atmósfera donde el fallo forme parte del trabajo, se trata de empoderar a las personas para potenciar su capacidad creativa, se trata de hacer que la gente se haga suyo su trabajo como si fueran verdaderos intra-emprendedores.

Si ocupas un cargo de responsabilidad en una organización, haz una prueba:

Pide a tu equipo que te aporte ideas para solucionar algún problema concreto…

Pueden pasar dos cosas: la mejor, que al cabo de unos días tengas propuestas interesantes y accionables en tu mesa.  La peor, que no suceda nada y debas preguntarte por qué. De paso luego pregúntate cuánto tiempo hará falta para que un competidor más innovador os supere con alguna buena idea llevada a cabo con éxito.

Lo cierto es que hay personas «inusuales» en todas las organizaciones, pero muchas de ellas las tienen anuladas sin saberlo.

Cuando aparece un líder inusual, surge la oportunidad de marcar la diferencia y la creatividad organizacional aparece. ¿Es esto mérito de la idea? Para nada, se trata de todo el sistema. ¿Cómo se consigue que funcione todo? Pues de la misma manera con la que se cuida de un jardín; con mucho cariño y dedicación.

Las buenas ideas son las semillas, críticas e imprescindibles, pero insuficientes para que la creatividad organizacional funcione. Necesitas todo el resto para que el crecimiento aparezca, pero cuando quieras que aparezca, no pidas buenas ideas, empieza a premiar las normalitas, nada bueno aparece sin esfuerzo

 

2 comentarios sobre “La creatividad sola no sirve

  1. Excelente reflexión y muy didáctica. Soporte ideal para sacar buenas conclusiones, como siempre me ocurre con Inusual. Gracias !

    Emil Iosipescu
    ADV On+Off
    Genova, Italia

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