La naturaleza es sabia y gracias a ello podemos pensar que vivimos en un mundo ordenado que se rige por procesos bien definidos. Pero este no siempre fue así, somos el resultado de una gran explosión.

Soy un gran convencido de que los procesos que nos ofrece la naturaleza son los modelos más perfectos que existen para intentar tirar adelante cualquier proyecto que te propongas. Soy fan de la economía circular, del Cradle to Cradle (su modelo del cerezo es sencillamente espectacular), de la teoría de Gaia de James Lovelock, de los “Sistemas Emergentes” de Steven Johnson y de todo lo que implique adaptar el modelo natural con el mínimo impacto posible en el medio ambiente.

Pero no siempre la naturaleza ha presentado un modelo tan ordenado (fenómenos como terremotos o tornados se producen por perturbaciones en la fuerza!!!) y su origen parte del caos más absoluto donde una explosión arrojó materia a todos lados dando lugar a la creación y expansión del universo: estamos en la Teoría del Big Bang.

La teoría del Big Bang (que me perdone la comunidad científica por el atropello que voy a realizar!!!) es una teoría que dice que el universo nació hace aproximadamente 14 mil millones años de un único punto que estaba contenido en el espacio, y que a partir de ahí el universo se expande continuamente. Una explosión arrojó materia por todo el universo y una vez enfriada se empezaron a formar átomos diversos dando origen a los diferentes elementos que conocemos y tuvo su continuidad en las teorías evolucionistas.

Llegados a este punto probablemente pensarás ¿y esto qué tiene que ver con un blog de innovación? Vamos a intentar adaptarlo en un proceso diferente:

Supongamos que al principio de los tiempos solo existía Haro (La Rioja), capital española del vino y la producción vitivinícola. Entonces solo existía el silencio y el vino: tinto, rosado, blanco, joven, reserva, crianza, de producción ecológica…. y se producía vino y se vendía vino y todo el cosmos parecía estar en orden. Pero entonces apareció una fuerza destinada a hacerlo explotar todo: apareció el celebre ¿Y sí?

El primer ¿y sí? de la historia planteó la opción de intentar aprovechar los recursos que ofrecía la industria del vino para innovar en otro campo. Aparecieron entonces unos druidas que aprovecharon lo que la industria no quería (la piel y la semilla de la uva y la hoja de la vid) para crear ungüentos y lociones que rejuvenecían la piel de quién los utilizaba.

No contentos con esta primera explosión, la evolución decidió generar otra explosión con otro ¿y sí? al plantearse la posibilidad de hacer que las fábricas donde se realizaba el vino pudieran tener mejor aspecto e invitar a otros homínidos más seguidores de la arquitectura a disfrutar y conocer todo lo que el vino les podía ofrecer.

Con esas tres explosiones se generó todo un universo, el enoturismo, basado en todos los ejes que el vino puede ofrecer para captar la atención de la actividad turística: catas y degustaciones de vinos, cremas y balnearios autorizados por Caudalie o bodegas de autor realizadas por maestros de la arquitectura como Frank Gehry (impresionante las bodegas de Marqués de Riscal) o las de Ysios por Santiago Calatrava.

Y la moraleja de toda esta historia es que gracias a la aplicación de la teoría del Big Bang (bueno más o menos!!!) hemos visto como es el paso de un producto a una experiencia y de una experiencia a una categoría.

Os dejo con un tema que seguramente os será familiar con la temática que hoy hemos tratado y ¡te deseo la mejor de todas las semanas!

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