¿Debemos o no confiar en nuestra intuición? Esta es una pregunta interesante a la que responde el psicólogo y economista Daniel Kahneman en su libro “Thinking, Fast and Slow”.

En esta potente obra de 545 páginas – toma ya – el experto nos explica que existen dos tipos de pensamientos totalmente opuestos, sencillamente bautizados por él “Sistema 1” y “Sistema 2”.

El Sistema 1 es rápido, intuitivo, asociativo, metafórico, automático y en definitiva profundamente emotivo. No es intencional ni supone mucho – por no decir ningún – esfuerzo, y no se puede controlar ni “apagar”. Está detrás de muchas de nuestras elecciones y opiniones.

Al contrario, el Sistema 2 es lento y costoso. Corresponde a una reflexión controlada y lógica. Su puesta en marcha requiere atención y concentración. Además, es vago y negligente. Se cansa con facilidad por lo que no se puede solicitar durante mucho tiempo, y tiende a aceptar las soluciones aportadas por el Sistema 1 sin rechistar.

Pensar rápido no siempre es bueno

Visto así, el Sistema 1 parece más atractivo, ¿verdad? De hecho, es indispensable a nuestra supervivencia y muy útil en muchos casos. Entonces, ¿cuál es el problema?

Pues que es absolutamente incompatible con cualquier análisis racional. Al Sistema 1 le encanta simplificar, dar lo que ve y conoce por única opción (WYSIATI o «what you see is all there is»), saltar muy rápidamente a conclusiones y dejarse llevar por una impresionante serie de prejuicios sin fundamento. Además, es sujeto a todos los sesgos cognitivos registrados hasta la fecha.

En otras palabras, el Sistema 1 es poco fiable – nos guste o no admitirlo. Usar el Sistema 2 nos permitiría ser mucho más precisos en muchas situaciones. El problema es que solemos pensar lentamente cuando estamos confundidos y no tenemos ninguna respuesta rápida a la que aferrarnos (si te pregunto cuantos son 17 x 24, te lo tendrás que pensar un poco, ¿verdad?). El resto del tiempo, nuestras decisiones se basan en atajos mentales de los que no somos ni siquiera conscientes.

Conclusión

Lo que Kahneman intenta decirnos no es que nos estemos equivocando constantemente, sino que somos mucho menos racionales de lo que creemos ser y que deberíamos saberlo.

«A menudo nuestro cerebro racionaliza los pensamientos automáticos y los presenta como el fruto de un razonamiento elaborado. Pero son historias que nos inventamos para justificar decisiones que en realidad son fruto de nuestros prejuicios. Es una forma de engañarnos.»

Entrenarnos a parar y solicitar el sistema 2 podría ser una buena opción, para que en los momentos más importantes y sensibles de nuestras vidas seamos capaces de tomar decisiones libres de cualquier influencia.

A nivel empresarial, el experto recomienda que instauremos controles de calidad para comprobar los fundamentos de las decisiones que se toman. Pero cuidado, sin caer en la famosa “parálisis por análisis”. Una de las ventajas del sistema 1 es justamente que nos empuja a la acción y reduce el coste de tratamiento de la información.

«Tendemos a tener mucha confianza en juicios que hacemos basados en muy poca información. Es uno de los aspectos más importantes de la cognición. Somos capaces de generar interpretaciones muy rápidas; eso es maravilloso, porque nos permite actuar rápido, pero por otro lado no somos conscientes de lo que no conocemos.»

Al fin y al cabo, se trata de conocer las características y los límites de cada sistema de pensamiento para poder manejarlos y usarlos apropiadamente. Es cuestión de equilibrio, como siempre

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