Contaba Steve Jobs que cada día se miraba en el espejo y se preguntaba: «Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?». Si la respuesta era «No» durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Si hay algún aspecto de tu vida que necesitas cambiar y no sabes por dónde empezar, te recomiendo que practiques el pensamiento divergente. A mi particularmente me sirve y creo que es relativamente sencillo de hacer.

¿En qué consiste el pensamiento divergente?

Se define como proceso o método para generar ideas explorando múltiples soluciones. Debería ser el proceso anterior a dar soluciones a problemas (que es definido como pensamiento convergente).

El pensamiento divergente proporciona múltiples puntos de vista, ver los problemas desde distintos ángulos, a partir de un proceso de concatenación de ideas (saltas entre ideas de diferentes formas, jugando con ellas). El pensamiento convergente proporciona una solución (suele ser entendida por su autor como la mejor) bajo un único punto de vista, a partir de un proceso lógico de pensamiento.

Para encontrar una buena idea que proporcione solución a un problema, necesitarás de los dos pensamientos, y entre el pensamiento divergente y convergente es recomendable dejar reposar las ideas generadas el tiempo suficiente para hacerlas tuyas.

Tener claro qué es el pensamiento divergente y adoptarlo en los momentos adecuados, te proporciona nuevas ideas que conectar y te ayuda a visualizar cada tema desde un punto de vista diferente, dejando de lado las dificultades de llevarlas a cabo.

¿Cómo puede ayudarme a cambiar la actitud?

Para ejercitar el pensamiento divergente has de tener muy clara una regla: no juzgar ninguna idea mientras lo estés realizando. Si cuando estás en una reunión con un proveedor, cliente o el mismo equipo, eres de los que, durante una explicación, estás evaluando de forma constante cómo debería hacerse mejor o por dónde falla, estás aplicando el juicio. Eres de los que aplicas un pensamiento matemático asociado a aquello que conoces sobre lo que te están explicando. No es que sea malo, sino que si lo haces desde el principio, no te dejas “crear” nuevos escenarios de juego en los que podrías sentirte cómodo y ver nuevos beneficios.

Ejercitando pues el pensamiento divergente puedes obtener ideas que te ayuden a cambiar la actitud. Si lo haces en equipo, al estar con la mente abierta, te ayudará a ser más empático, a entender otros puntos de vista y conectar ideas que pueden generar un producto, servicio, o solución no esperada, creativa, innovadora y que te facilite la vida. Posteriormente, ya evaluarás cómo realizarla… Y cómo decía Confucio, “Cuando el objetivo te parezca imposible, no cambies de objetivo; busca un nuevo camino para llegar a él”…

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