En el camino que recorremos para buscar la innovación, podemos encontrar dificultades que nos impidan desplegar toda nuestra creatividad. Uno de esos obstáculos puede tomar la forma de la rutina: esa secuencia invariable de acciones que nos empuja a hacer nuestro trabajo de un mismo modo día tras día.

Salir de este modo autómata, que trae consigo la rutina, es posible y es necesario si queremos ser más creativos. Existen estudios que demuestran una relación entre experiencias fuera de lo cotidiano y la creatividad. Por ejemplo, Godart, Maddux, Shipilov y Adam D. Galinsky encontraron, tras examinar 21 temporadas de moda, que las experiencias profesionales internacionales de los directores creativos, podían predecir el nivel de creatividad de sus colecciones. Las colecciones de aquellos directores creativos con experiencias profesionales en el extranjero, eran valoradas por compradores y periodistas como más creativas que las de aquellos que no habían vivido estas experiencias. De acuerdo con los investigadores, la inmersión en otras culturas funciona como un catalizador de creatividad.

Veamos algunos otros ejemplos que evidencian por qué obligarse a salir de la rutina es importante para incentivar nuestra creatividad.

Acciones que nos sacan de la rutina y nos pueden hacer más creativos

Salir a caminar

En una investigación realizada por la Universidad de Stanford, examinaron los niveles de creatividad de las personas cuando caminan y cuando permanecen sentadas. De acuerdo con el estudio, el rendimiento creativo aumenta de media un 60% mientras se camina. El caminar en sí es el factor principal que favorece la creatividad y aunque hacerlo al aire libre resulta positivo, cuando no contemos con un entorno ideal para pasear, también podemos aplicar esta práctica.

Personajes de éxito como Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, o Steve Jobs, de Apple, llevaban a cabo esta práctica de caminar para realizar reuniones con su equipo. Una tormenta de ideas, con los miembros de tu equipo en un ambiente agradable, al aire libre o tan solo caminando, puede ser muy positivo para fomentar la creatividad y la cultura innovadora.

Vivir experiencias en el extranjero

Entrar en contacto con otras culturas realizando viajes periódicos puede abrir las puertas a la creatividad. Pues, al ponernos frente a diferentes ambientes y formas de hacer las cosas, nos damos cuenta de que aquello que dábamos por supuesto puede variar.

Neurocientíficos y psicólogos llevan años examinando de cerca cómo pasar tiempo en el extranjero incide de forma poderosa en el cambio mental. Esto se debe en gran parte a que la creatividad está relacionada con la neuroplasticidad, que es la forma en que se modifica el cerebro. Las vías neuronales están influenciadas por el entorno y el hábito, así que son sensibles al cambio. Nuevos sonidos, olores, sensaciones y visiones provocan diferentes efectos en nuestro cerebro que pueden ayudar a revitalizar la mente e incentivar nuestra creatividad.

Grandes pensadores y escritores han utilizado esta vía de salir de la rutina, a través de viajes y experiencias en el extranjero. Ernest Hemingway, escritor americano, es conocido también por ser un incansable viajero que obtuvo inspiración en diferentes lugares del mundo, como África, España o Francia. Por su parte, Mark Twain decía que «El viaje es fatal para el prejuicio, el fanatismo y la estrechez mental«.

Tomar riesgos inteligentes

El riesgo es un concepto del que muchos huyen, pero está implícito en todas las facetas de nuestro día a día y es esencial para crecer. Ya sea al invertir en bolsa o, simplemente, al coger el autobús para ir a trabajar, estamos sometidos al riesgo. Como bien expresó Mark Zuckerberg, «El mayor riesgo es no correr ningún riesgo«.

Arriesgarse, aventurarse a nuevos retos, nos lleva a poner a prueba nuestra estabilidad y se convierte en un paso necesario para la innovación. Eso sí, tomar ese riesgo no puede ser un acto impulsivo, sino madurado e inteligente; es preciso saber que la recompensa que se espera obtener se encuentra en consonancia con el riesgo asumido y evaluar qué nivel de riesgo requerimos para conseguir nuestro objetivo. Es decir, no es necesario lanzarnos a un proyecto cuyo nivel de riesgo suponga invertir millones de euros. Lo que debemos es encontrar un nivel de riesgo equilibrado y pensado.

Aprender todo lo que se pueda

El genio creativo Steve Jobs no dudaba en buscar nuevas prácticas que le ayudaran a aprender, aunque no tuvieran una relación directa con su trabajo. Se apuntó a clases de caligrafía y tipografía, solo por el placer de aprender. Los conocimientos que obtuvo gracias a ese curso tuvieron su protagonismo 10 años después, durante el diseño del primer ordenador Mac. En él incorporaron como primicia múltiples tipos de letra y fuentes espaciadas, hecho que más tarde copió Windows. Probablemente, si Steve Jobs no hubiera participado en aquel curso, ningún ordenador personal tendría todas esas fuentes con las que contamos.

Creatividad Vs Rutina

Innovación y creatividad se unen en un tándem para el que trabajamos, buscando que uno sea la consecuencia del otro. El éxito de una innovación puede depender de muchos factores; entre ellos está saber gestionarla y poner en marcha los mecanismos oportunos para buscarla. El cambio de chip que logramos al hacer nuestro trabajo en otro ambiente, o a través de mecanismos distintos, nos ayuda a incentivar nuestra creatividad, porque nos aporta flexibilidad cognitiva.

Pregunta de reflexión: ¿Qué prácticas utilizas para salir de la rutina en busca de la creatividad?


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