Laura llega a la oficina y se encuentra una nota encima de la mesa “Cancela el número de cuenta bancaria de Juan Ramos. Teresa.” Laura enciende su ordenador y entra en el programa de gestión: «Menú buscar», pone el nombre y apellidos del cliente, el sistema muestra un listado con los clientes coincidentes. Pulsa «Juan Ramos» y accede a su ficha. En la sección “Bancaria” pulsa sobre el botón “Cancelar cuenta”. ¿Crees que el equipo de desarrollo se ha preocupado de la UX?

¿Sabes cuál será el resultado? Efectivamente, el sistema mostrará un mensaje ¿Estás seguro que quieres cancelar la cuenta de Juan Ramos? Y dará dos opciones “Si” o “No”.

Es un sistema funcional (hace lo que tiene que hacer), es confiable (lo hace de forma precisa y válida) y es usable (puede ser fàcil de usar). Son las características que esperamos de cualquier aplicación informática.

Estas características son las fundamentales, pero existen otras que ayudan a los usuarios a que sus tareas diarias sean más fáciles y que trabajen más eficientemente. Estas características las describe Stephen Anderson en su pirámide de la UX.

piramide-usabilidad

El sencillo ejemplo inicial corresponde a los tres primeros pasos de la pirámide.

Ahora imagina que cuando Laura llega a la oficina no encuentra ninguna nota. Enciende el sistema y se encuentra un mensaje en pantalla con la siguiente información: los teléfonos de Juan y de Teresa, la fotografía de Juan, notas y datos que permiten reconocer al cliente y dos botones: “Cancelar cuenta” o “Acceder a sus datos”.

¿Mucho más sencillo, no? Seguramente nos encontremos ante un sistema que cumple a partir del peldaño 4 de la pirámide.

Cuando enfocas un proyecto software desde la perspectiva UX lo haces para dar solución a problemas reales del usuario. El foco no está en qué puede hacer el sistema por él.

Desde esta perspectiva, realizar proyectos UX nos proporciona los siguiente aspectos:

  • Orientamos los proyectos a cliente, enfocándonos en cómo hay que gestionar el contenido a lo largo de todo un proceso para poder dar solución a sus problemas.
  • Todas sus herramientas están focalizadas en mostrar el proceso lo antes posible a los usuarios, para que entiendan cómo funcionará el sistema.
  • Cuando los usuarios entienden cómo será el sistema, es más fácil priorizar el desarrollo de funciones, gestionar los cambios, aportar soluciones y ver errores de concepto. Todo ello conlleva eliminar la incertidumbre de forma rápida.
  • Al ser un sistema entendido por todos, implicamos tanto al equipo como al cliente, sean o no tecnólogos.
  • Proporcionamos libertad a los programadores para que propongan soluciones técnicas adecuadas al diseño de la interacción. Delegamos en ellos el análisis tècnico bajo un paraguas funcional fácil de entender. Para un programador suele ser más motivador dar soluciones que traducir un análisis a código.
  • A igualdad de condiciones, el tiempo de desarrollo del sistema debería ser menor y, por tanto, el coste del proyecto también.
  • Al enfocarse en prototipos funcionales, proporciona herramientas de retroalimentación y mejoras continua.
  • Tanto clientes como proveedores aprenden mutuamente. Los clientes sobre posibilidades tecnológicas. Los proveedores sobre los procesos de negocio.
  • La documentación que se genera está orientada a conocer cómo debe ser el sistema, no a qué debe hacer (todo y que también lo describe de forma indirecta). Por tanto, reducimos considerablemente la documentación.

Te animo a que plantees tu siguiente proyecto de desarrollo desde el punto de vista de los usuarios finales y que compartas tu experiencia. Estoy seguro que podrás aportar otros muchos aspectos diferentes a los que yo te he listado

¿Y tú qué dices?

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