Un comentario reciente de uno de nuestros lectores me hizo reflexionar sobre el sentido de la palabra “valor”.

¿Qué es el valor en realidad? ¿Cómo conseguimos aportar valor a nuestros clientes? ¿El valor está absolutamente relacionado con la calidad de nuestros productos o servicios?

Estar atentos, porque mi respuesta es de alto nivel: ¡Depende!

Depende de las necesidades de nuestros clientes. Esto es lo único que importa en realidad. Porque “aportar valor” se podría traducir por “ofrecer soluciones”. Se trata de identificar las carencias, problemas y preocupaciones de tu público objetivo para enfocar todos tus esfuerzos en facilitarle la vida.

Da igual que la solución ofrecida tenga propiedades muy superiores a las de la competencia si esto no es lo que necesita tu usuario. Aportar valor, según mi punto de vista, significa dejar de desarrollar productos o servicios que te hacen feliz a ti y empezar a desarrollarlos pensando en lo que realmente quiere tu cliente potencial.

Molière dijo “Las cosas sólo tienen el valor que les damos.”

En nuestro caso, el valor que les dan nuestros clientes…

Y, es verdad, la mayor parte de la gente tiene necesidades modestas. No le interesa lo exclusivo. A menudo no porque no quiera sino porque no puede, simplemente. Así que se conforma con productos de “peor calidad” en teoría, pero que le aportan valor porque resuelven uno o varios de sus problemas: precio, diversidad, comodidad, etc.

Por lo tanto, cuando desde nuestra perspectiva hablamos de aportar valor y generar engagement, no hablamos de cambiar la manera en la que consume la gente. Hablamos de cambiar la manera en la que las marcas se relacionan con sus clientes y enfocan sus estrategias comerciales. Con el objetivo de prosperar desde luego, hasta de brillar si puede ser, no de cambiar la faz del mundo. No vivimos en el mundo de los osos amorosos, pero sí queremos hacer las cosas bien…


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