El otro día hablábamos de que había que saber “innovar y guardar la ropa,” que cualquier organización que pretenda seguir creciendo en el futuro debe integrar la innovación en sus procesos de trabajo, que debe cambiar su cultura productiva, hacia una más colaborativa, más creativa.

En definitiva, las organizaciones del Siglo XXI deben ser capaces de usar la creatividad como ventaja competitiva. Porque ya no compiten produciendo, sino innovando.

Pero ¿eso cómo se hace? ¿cómo se consigue que unas personas que hasta ahora han estado realizando un trabajo rutinario, de pronto se pongan a crear cosas nuevas y valiosas? Es más, ¿cómo se consigue que el equipo tenga buenas ideas que puedan llevarse al mercado con éxito?

Decíamos en otro artículo que en el fondo era una cuestión de espacio, que si las personas no tienen tiempo para poder dedicarlo a “pensar fuera de la caja,” difícilmente podrán desarrollar el hábito de preguntarse cómo podrían hacerse mejor las cosas, o qué cosas podríamos hacer que no hemos hecho hasta ahora, o qué otras deberíamos dejar de hacer porque no tienen ningún sentido y todo el mundo las hace “porque siempre se han hecho así,” nadie se las cuestiona, porque la mayoría de gente va a trabajar con un completo “ausentismo creativo.”

¿Existen espacios creativos?

Piensa por un momento en las mejores ideas que se te han ocurrido en tu vida, ¿dónde estabas? ¿en el trabajo? A la mayoría de gente se les ocurren en otros sitios, en casa, caminando por el parque, durante el fin de semana, cuando están de vacaciones ¿por qué?

Pues porque el espacio condiciona nuestros hábitos. Si estamos en nuestro sitio habitual de trabajo, lo más probable es que —por mucho que nos esforcemos— sigamos pensando de la misma manera, y sigamos viendo las cosas desde la misma perspectiva de siempre.

¿Crees que es casualidad que la mayoría de empresas que podríamos considerar como “creativas” tengan siempre unas oficinas tan originales? Cuando pensamos en la típica oficina de Google, Pixar, una agencia de publicidad, o una “start-up” de éxito, no nos imaginamos el aspecto de un espacio de trabajo convencional ¿verdad? ¿Es capricho? ¿Es sólo para que la gente se lo pase bien y no quiera irse a casa?

Oficina de MonoSpace
Un ejemplo, la agencia MonoSpace renovó sus oficinas buscando un ambiente más colaborativo que fomente la innovación.

Pues no, está comprobado que un un espacio bien diseñado puede aumentar considerablemente el rendimiento creativo de las personas que trabajan en él, y por tanto de la organización en su conjunto. Si no te lo crees, haz la prueba, elige un proyecto estratégico que todavía no hayas visto el momento de iniciar y propón a tu equipo que lo lleve a cabo.

Haz una reunión de inicio del proyecto fuera del espacio habitual y mantén esta rutina semanalmente. Si puedes disponer de forma permanente de ese espacio de trabajo distinto, haz como Google Ventures y crea una “sala de operaciones,” o un “War Room,” como se conoce normalmente en el argot de la innovación.

Hagas lo que hagas, piensa en lo que decía Einstein:

Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.
Y yo añadiría, no lo hagas desde el mismo sitio


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