Seguramente ya habrás oído hablar de la manera en la que las tortugas marinas se arrastran en las playas para enterrar sus huevos en la arena. Ocho semanas más tarde, los huevos eclosionan y las crías inician su peligroso camino hacia el agua. Pocas lo consiguen: la mayoría acaba devorada por depredadores de todo tipo…

Tal como lo subraya Frédéric Fréry, profesor en dos de las escuelas más prestigiosas de Francia (ESCP Europe y École Centrale Paris), este proceso de selección natural implacable es, en muchos sentidos, comparable a lo que pasa con las nuevas ideas en las empresas: muchas florecen pero sólo unas pocas se convierten en innovaciones.

De hecho, la mayor parte de las grandes organizaciones se encuentra atrapada en el mismo círculo vicioso: las ideas nacen, se eliminan por culpa de varios obstáculos – o anticuerpos como los llama Pere –, lo que provoca que, cansados y desmotivados, los trabajadores dejen de generar ideas.

Que sea por inercias culturales – “tenemos más que perder que ganar”, “la novedad fomenta el desorden”, etc. – o por presión económica – presupuestos e inversiones que limitan la experimentación y fomentan la eficacia inmediata a favor de los proyectos más “seguros” –, al final, las empresas no innovan.

Entonces, ¿cómo podemos liberar el potencial innovador de nuestras compañías?

Muchos suponen que la innovación es el resultado de largos y costosos procesos de investigación, que se basa en – y depende de – las últimas tecnologías, que se mide contando patentes y que se debe al talento de unos escasos visionarios, únicos seres capaces de desencadenar revoluciones reales…

Siguiendo estas premisas, innovar es un proceso a la vez excepcional, incierto, prohibitivo y radical. No vale la pena ni intentarlo, ¿verdad?

¡Error! Vale la pena intentarlo desde luego. Aún diría más, nuestra supervivencia depende de ello. Y para conseguirlo, Frédéric Fréry propone que nos deshagamos de cuatro ideas preconcebidas y nefastas:

Innovación no es creatividad

La creatividad tiene que ver con el hecho de generar muchas ideas. La innovación con el hecho de materializarlas. La creatividad es reflexión, la innovación es acción.

Una persona que ha tenido miles de ideas en su vida es, sin lugar a duda, creativa. Sin embargo, si no ha llegado a implementar ninguna, no es innovadora. Al contrario, una persona que sólo haya tenido una idea en su vida se puede considerar poco creativa. Pero si la ha implementado con éxito, ha innovado. ¿Y qué es mejor? ¿Muchas ideas que se quedan en nada o una que se concreta y se comercializa? La creatividad sola no sirve

Innovación no es invención

De la misma manera, inventar consiste en crear algo que no existía. Innovar es difundir esta invención. Un nuevo producto en estado de prototipo es una invención. Se convertirá en innovación el día en el que se comercialice. Y esto, a veces, toma mucho tiempo…

De hecho, alrededor del 40% de las patentes presentadas en la Oficina Europea de Patentes no se explota y la experiencia de los directores de I+D ha demostrado que sólo una patente de cada 1.000 genera beneficios excepcionales.

El número de patentes permite medir la capacidad de invención, no de innovación. Contar patentes sería como contar el número de huevos enterrados en vez de contar el número de crías que se salvan…

Innovación no es ruptura

En realidad también lo es, pero no sólo. Limitar la innovación a su aspecto más radical consiste en decir que es el privilegio de los temerarios. También existe una innovación más modesta, accesible y permanente. Una que es la responsabilidad de cada uno y que, poco a poco, contribuye a cambiar el mundo.

Innovación no es tecnología

Reducir la innovación a la tecnología – a las nuevas tecnologías en muchos casos – viene a negar otros elementos fundamentales. Existen innovaciones que no deben nada, o casi nada a la tecnología, y han tenido un impacto brutal en la economía y la sociedad.

La tecnología es un facilitador. Nos abre un mundo de posibilidades, pero no es suficiente. Y sin el “thinking” adecuado, desde luego, no nos lleva a ninguna parte…

Sacarnos estas creencias de la cabeza resulta imprescindible para entender que la innovación, además de imprescindible, es posible y que depende de cada uno de nosotros.

¿Qué te parece? ¿Ayudarás a que las crías de tortuga lleguen al agua? Si quieres inspirarte, puedes ver uno de los mejores parques del mundo con tortugas, lo tienes aquí.

 

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