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El trilema de la innovación

trilema? Una elección entre tres opciones, que son (o parecen ser) contradictorias entre sí, o bien, conducen aparentemente a resultados distintos. Si pensamos en la innovación, existe al menos un trilema al que se enfrentan todas las organizaciones, del que hoy me gustaría hablar un poco.

Opción 1: decir que ya innovamos, pero no hacerlo

En esta opción se encuentran la mayoría de organizaciones. Prácticamente todas ellas consideran la innovación como un factor clave para su progreso, el problema es que están enfocadas en el corto plazo porque fueron concebidas para explotar un negocio existente. Muchas de estas organizaciones gozan de una buena salud aparente porque su modelo de negocio es todavía muy viable y, aunque sus productos o servicios sean muy maduros —banca, seguros, salud, energéticas— algunas de ellas ya hace tiempo que contrajeron confortosis y todavía no se han enterado.
El coste de no innovar es morir un poco cada día. Hasta ahora explotando el negocio hasta que ya no diera más de sí, era totalmente válido.
Hoy, cualquier innovación disruptiva puede echar al traste un negocio de años sin que nos demos cuenta. Decir que innovamos y no hacerlo, se resume muy bien con la expresión «mucho lirili, poco lerele» y realmente puede salir muy caro. Si no, que se lo pregunten a Bluckbuster, Digital, Kodak, Olivetti, etc

Opción 2: intentar innovar, pero sin darle prioridad

En este grupo se encuentran los que ya son sensibles a la necesidad de innovar, pero no consiguen hacerlo porque se ven incapaces de conjugar el corto y el largo plazo. Realmente quieren «innovar y guardar la ropa» pero no lo consiguen porque no están acostumbrados a gestionar el riesgo que supone «aprender, desaprender y reaprender» de forma sistemática. No se ven, ni se creen capaces de «convencer al elefante» para que cambie de hábitos, se limitan a intentar innovar.
Pero el problema es que hay empresas que confunden la innovación con cualquier cosa.
Calman sus conciencias llamando innovación a cualquier cosa nueva que son capaces de hacer. Se hacen trampas jugando al solitario, o peor aún; se toman una medicina que es puro placebo. Muchas de ellas incluso hacen muchos «workshops» de innovación para calmar sus conciencias, pero cuando los consultores se han ido, se han llevado sus post-its y sus jueguecitos, se quedan igual que antes, incluso peor porque ven que intentan innovar y no lo consiguen. El futuro de estas empresas no es muy distinto de las del primer grupo, a menos que a mitad de camino se den cuenta, o tengan la suerte de experimentar un cambio potente en la dirección, de forma que corrijan su rumbo y empiecen a darle la importancia que tiene a darle prioridad a la innovación.

Opción 3: priorizar la innovación y asumir su precio

Este es el grupo más reducido, aunque afortunadamente crece cada día más. La mayoría de organizaciones que optan por esta opción, es porque ya vienen de anterior, muchas de ellas no le daban importancia a innovar en el pasado, pero fueron lo suficientemente inteligentes y ágiles, como para cambiar el rumbo y darse cuenta de que la cultura se come a la estrategia para desayunar. Una de las mejores frases de Jack Welch dice «Cuando el cambio externo es más rápido que el interno, el final está cerca…» El común denominador de las empresas que priorizan la innovación y asumen su cara oculta es que se han dado cuenta que los cambios externos van a ser cada vez más rápidos. Pensar es casi gratis, pero implementar buenas ideas con éxito, es otra cosa. Debajo de cada idea, se oculta todo el trabajo que es necesario para llevarla a cabo con éxito. La ejecución es la clave.
Y para ejecutar bien y rápido, sólo hay una forma; conseguir que todo el mundo quiera hacerlo y se haga suyo el problema.
Por eso hablamos de innovación vital; de la que está relacionada con la vida de la organización, que es de suma importancia o trascendencia, que está dotada de la energía y el impulso (recursos) para actuar y vivir. Resolver el trilema de la innovación vital depende del liderazgo de la compañía. Debe priorizarla, medirla, fertilizarla, cultivarla, cosecharla y venderla como les fuera la vida en ello, porque de hecho les va.]]>

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