¿Cansado de ese compañero que todo el día se está quejando? ¿Harto de oír la palabra «marrón» a tu alrededor? Sinceramente no sé si este post te va a ayudar con eso pero si intentaremos darte otra visión de la negatividad.

Si llevamos la situación a los extremos podemos decir que en el mundo existen dos fuerzas que lo rigen todo: la energía positiva y la energía negativa. Mi planteamiento hasta este momento no es nuevo, y si repasamos, nos damos cuenta que esto se ha tratado en diferentes ámbitos: desde los más serios como la filosofía con el Ying y el Yang, a los más mundanos como el cine donde James Bond se las tuvo con el Dr. No, Luke descubrió que su padre era el tipo más oscuro y pesimista de toda la galaxia o Pixar nos ha enseñado que la tristeza forma parte de nosotros y debemos aceptarla.

Llegados a este punto debemos preguntarnos si debemos huir completamente de la negatividad o aceptarla como una parte (pequeña por favor!!!) de nuestra existencia.

¿Cómo mantenemos el balance de las emociones?

La gestión de las emociones, sean positivas o negativas, impacta directamente en las expectativas que nosotros mismos nos generamos sobre la realidad. No es fácil permanecer neutral en la montaña rusa de las emociones, pero sí es importante poder mantener una actitud de desdramatización de las cosas negativas que te suceden. En este punto, es interesante el trabajo de Martin Seligman que propone que cada vez que te suceda algo negativo te plantees tres preguntas clave:

¿Es permanente?
¿Es generalizado?
¿Es personal?

Si has contestado a todas que no, felicitaciones, eres un homínido superior capaz de desdramatizar los efectos negativos de la realidad con lo que esa fuerza se volverá temporal, específica y externa y no te molestará demasiado. Si por el contrario has respondido a alguna de ellas de forma positiva, no te preocupes existe una solución para tu caso.

Bienvenido a la negatividad positiva

No puedes huir de la negatividad, forma parte de nuestra vida, pero sí puedes orientar su fuerza y utilizarla como un recurso en positivo. Piensa que la negatividad y las emociones que genera son claves en nuestra supervivencia: en muchos casos nos impiden caer en hábitos totalmente perjudiciales para nosotros y, además, nos dan información vital sobre lo que no debemos volver a hacer y nos mantienen rectos en el camino de nuestros objetivos.

Julie Norem del Wesley College se refiere a esto como “el pesimismo defensivo” y dice que trabajar en escenarios más oscuros y pesimistas predispone a las personas a prepararse mentalmente a lo peor, lo que ayuda a muchas personas a manejar de forma más eficiente sus ansiedades ya que proporcionan respuestas que no esperas y que, más allá de hundirte, pueden llegar a tranquilizarte e incluso animarte.

Otro enfoque interesante en este punto es el de Barbara Fredrickson que habla de la dosis de “negatividad adecuada” para poder utilizarla como impulso para mejorar. En este caso es necesario entender que la vida nos va a proporcionar momentos de tristeza, de miedo o de ira y no entenderlos o aceptarlos nos va a alejar de la realidad en la que vivimos. Se trata de tener tu propio derecho a estar triste o estar enfadado pero no recrearse en ello, tener la dosis justa y una vez llegues al nivel freático darle la vuelta para convertirlo en una oportunidad.

Te dejo con un bonito tema que no cambiará que hoy es lunes pero seguro que te anima a pensar que pasará rápido. ¡Que tengas una feliz semana!

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