El único consejo quete hará crecer de verdad.
Una mesa de entre ocho y doce directivos que se reúne dos veces al mes, todo el año. Traes tus decisiones de verdad, con nombres, y sales con una tomada. Con admisión, y entras cuando hay sitio.
No es acceso a nada. Es un sitio en una mesa.
Ocho mesas de entre ocho y doce personas que dirigen como tú. La tuya se reúne dos veces al mes durante todo el año, siempre con las mismas caras: el grupo no rota, porque la confianza no se improvisa en una jornada suelta.
Lo que se trabaja no son casos de escuela. Es tu comité, tu reorganización, la persona a la que llevas meses sin decirle lo que hay que decirle. Con nombres y con fechas, bajo confidencialidad contractual desde el primer día.
No pagas por acceder a más cosas.
Pagas por que te esperen.
Primero preguntan. Después, si acaso, opinan.
Noventa minutos con un método estricto. La regla que lo sostiene todo es la primera ronda: sólo preguntas, ningún consejo. Casi siempre, al terminar esa ronda, el caso ya no es el que traías.

Traes un caso
Uno real, con nombres y con una decisión pendiente. No un tema: un caso tuyo, de esta semana.
Sólo preguntas
La primera ronda es de preguntas. Nadie da consejos todavía, y esa regla es lo que hace que el caso cambie de forma.
La mesa aporta
Los demás dirigen como tú y no tienen intereses en tu empresa: dicen lo que ven, sin cortesía y sin agenda.
Sales con un compromiso
Escrito, con fecha y con nombre. En la sesión siguiente, la mesa pregunta qué pasó.
Veinte sesiones al año. Y puedes empezar en cualquiera.
Las mesas no van por promociones: van todo el año, dos veces al mes, y no paran. Agosto y diciembre quedan en pausa, a propósito.
Cada punto es una sesión de noventa minutos. Tu mesa fija su franja con su anfitrión y la mantiene todo el año.
Entras cuando hay sitio
No hay fecha de matrícula ni lista de espera anual. Si una mesa tiene hueco y encajas, entras el mes que viene.
De ocho a doce
Ninguna mesa arranca con menos de ocho ni crece por encima de doce. Por debajo no hay masa crítica; por encima, no da tiempo a que hablen todos.
La mesa decide
Para incorporar a alguien nuevo hace falta el acuerdo de la mayoría de la mesa. Quien ya está dentro decide con quién se sienta.
Aquí no sale nada. Esa es la condición, no el obstáculo.
Quien necesita una mesa la necesita porque no tiene dónde decir lo que no puede decir en su comité. Por eso hay dos documentos distintos, y conviene no confundirlos.
El acta
Lo que se dice en cada sesión queda recogido para los diez y su anfitrión. No se publica, no se comparte y no se anonimiza: anonimizar no basta, porque un caso sin nombre sigue siendo reconocible para quien estaba en la sala.
La bitácora
La escribes tú sobre tu propio reto: qué trajiste, qué decidiste, qué pasó después. No contiene nada de nadie más, así que puedes enseñarla a quien te paga la plaza cuando te pida justificar la inversión.
El distintivo
Al terminar el curso recibes un distintivo digital que acredita práctica sostenida —no competencia— y que caduca. Esa caducidad es la gracia: señala que practicas ahora, no que hiciste algo hace seis años.
Al Club te unes. Al Consejo te presentas.
No hay botón de compra, y no es una pose: una mesa funciona si todos encajan, y por eso quien ya está dentro decide. Hay conversación antes, y a veces la respuesta es «este no es tu momento».
Solicitas plaza
Cuentas quién eres, qué dilema traes y qué margen de decisión tienes.
Conversamos
Treinta o cuarenta minutos con Pere Rosales. Esa conversación es, de hecho, el primer acto del programa.
Encajas con una mesa
Buscamos la mesa con hueco donde encajes: sin dos personas de la misma empresa ni competidores directos sentados juntos.
La mesa te acepta
La incorporación la aprueba la mayoría de la mesa. Si ninguna tiene hueco, esperas a que lo haya: las mesas no crecen por encima de doce.
Requisitos de admisión
- Diriges personas, un área o una organización.
- Tienes capacidad real de decisión sobre lo que traes.
- Asiento en el comité de dirección o reporte directo a la dirección general.
- Vienes con casos propios, no con casos de otros.
- Aceptas la confidencialidad contractual desde la sesión inaugural.
- Máximo una persona por empresa en cada mesa.
Lo que cuesta, y con qué compararlo.
al año, + IVA. Más 490 € + IVA de entrada el primer año, que cubren la selección y la incorporación a tu mesa.
- Veinte sesiones al año en tu mesa
- Anfitrión formado en el método
- Confidencialidad contractual
- Tu bitácora y el distintivo anual
- El Programa 101, sin coste
- Todo lo que ya trae el Club
Ciento cuarenta y cinco euros por sesión, con siete u once personas que dirigen como tú trabajando sobre tu caso. La comparación honesta no es contra un curso ni contra una suscripción de contenidos: es contra lo que cuesta que alguien de fuera se siente a pensar contigo.
Y si después quieres ir más lejos: la cuota del año en curso se descuenta de la matrícula del MBA INUSUAL. Lo que inviertes en la mesa no se pierde, se traslada.
Lo que se pregunta quien está a punto de decir que sí.
Depende de lo que valga tu próxima decisión difícil. Una contratación equivocada, una salida mal gestionada o un año perdido en una estrategia que no era cuestan mucho más que esto. Y el precio no compra contenido: compra que entre siete y once personas reserven hora y media dos veces al mes contando con que vas a estar.
Son noventa minutos cada quince días, con las fechas publicadas con un año de antelación para que las bloquees de una vez. La pregunta honesta no es si tienes tiempo, sino cuánto tiempo te está costando ya decidir solo y equivocarte a solas.
Porque en dos sesiones dejan de serlo, y porque no dependen de ti: nadie de la mesa te reporta, te factura ni aspira a tu puesto. Hay confidencialidad contractual desde el primer día y el acta no sale de la sala, ni siquiera anonimizada.
Por eso hay admisión y por eso decide la mesa. Todos los que se sientan dirigen personas y tienen capacidad real de decisión sobre lo que traen. Lo que no habrá es homogeneidad de sector: es justo lo que hace que alguien vea lo que tú ya no ves.
La primera sesión se nota rápido. Si al terminarla ves que no es para ti, lo dices y se acabó: preferimos una mesa de ocho comprometidos que una de doce con dos que no querían estar. Y si el problema aparece a mitad de año, se habla con el anfitrión, que para eso está.
Con tu bitácora: qué reto trajiste, qué decidiste y qué pasó después. No contiene nada de nadie más y es exactamente lo que suele pedirse para justificar la inversión. Y con el distintivo anual, que acredita práctica sostenida.
En que aquí no vienes a saber más: vienes a decidir mejor. No hay temario ni profesor delante. Hay una mesa de entre ocho y doce directivos, tus casos reales sobre la mesa y un compromiso que ejecutas entre sesión y sesión.
Un grupo de mentoring gira alrededor de quien sabe; una red de contactos, alrededor de quien vende. Aquí nadie de la mesa depende de ti ni te factura: por eso te dicen lo que ven, no lo que quieres oír.
No. Las mesas van todo el año y se entra cuando hay hueco: si una mesa tiene menos de doce personas y la mayoría aprueba tu incorporación, empiezas en la sesión siguiente. Sólo agosto y diciembre están en pausa.
Se avisa y se recupera con el anfitrión, pero conviene ser honesto: el valor está en la continuidad. Si no puedes sostener veinte sesiones en el año, quizá este no sea tu momento.
Un anfitrión o anfitriona formado en el método, con experiencia directiva propia. No es un moderador: es quien sostiene la regla, protege la confidencialidad y hace que nadie salga sin compromiso.
Se renueva o no. Quien no renueva no pierde el acceso a nada del Club: pierde la mesa y el distintivo del año, que caduca a propósito porque acredita que practicas ahora.
Entrada abierta todo el año
La admisión empieza por una conversación.
Y la conversación, por ti.
Treinta o cuarenta minutos para ver qué traes, qué margen tienes y si este es tu momento. Sin compromiso: de esa conversación sale un sí, un no o un «vuelve el año que viene».
