El Diccionario de la Real Academia Española define la autocomplacencia como la «satisfacción por los propios actos o por la propia condición o manera de ser.»

En mi opinión, estar instalados en la cultura de la autocomplacencia es uno de los principales riesgos que corren algunas empresas al no darse cuenta de lo peligroso que es «dormirse en los laureles» especialmente cuando hablamos de innovación.

costa-concordia

Recuerdo el fatídico accidente que tuvo el crucero italiano Costa Concordia hace un par de años. El capitán, Francesco Schettino, y el primer oficial, Ciro Ambrosio, fueron arrestados bajo sospecha de homicidio involuntario después de navegar mucho más cerca de la orilla de lo permitido.

El capitán declaró:

«Estaba navegando por la orilla porque conocía bien las profundidades, había hecho esta maniobra tres o cuatro veces.»

Desde luego, uno de los peores enemigos de la innovación es la autocomplacencia porque produce una miopía galopante en la empresa que se refugia en los éxitos pasados y piensa, «no estamos tan mal…» Pero un día, por el exceso de confianza o de autocomplacencia metemos la pata más de la cuenta y lo acabamos pagando caro.

El problema es que hay empresas que no se dan cuenta de que sufren esta «enfermedad» y sólo algunas personas, normalmente de los cuadros medios, son los que ya hace tiempo que lo saben, aunque muchos no se atreven a decir que el «emperador está desnudo«..

¿Cómo saber si sufrimos autocomplacencia?

No hay un autodiagnóstico estándar para todos, pero sí que hay algunos factores que podemos reconocer fácilmente:

  • Cuando perdemos algún buen cliente, en lugar de hacer autocrítica, le echamos la culpa al cliente.
  • Creemos que tenemos recursos suficientes y somos capaces de todo, a esto también podemos llamarlo arrogancia o prepotencia…
  • Tenemos métricas obsoletas que ya no indican lo que realmente importa y carecemos de las que sí miden lo importante.
  • El comité ejecutivo no parece tener ningún problema, vive muy bien y pasa la pelota a los cuadros medios sin preocuparse mucho del proceso, sino del resultado.
  • Bajo rendimiento generalizado, cuesta mucho hacer cualquier cosa, como si todo fuera muy muy lento y muy muy complejo…

Podríamos seguir, pero creo que seguramente ya habrás visto por donde van los tiros ¿verdad?

La autocomplacencia, la conformidad, la parálisis por el análisis, el trabajo en silos funcionales y todos los derivados son factores que restan competitividad poco a poco a la organización añadiendo grasa en los procesos y creando anticuerpos para la innovación creativa.

Si te resuenan todos estos factores pregúntate ¿cuánto hace que no se reconocen errores en tu empresa? ¿cuántas veces se hace auto-crítica y se toma buena nota para no volver a caer en el error? ¿cuánto hace que vivís de los mismos productos y servicios de siempre? ¿cuántas nuevas ideas de negocio habéis generado este año y cuántas de ellas os están dando fruto?

Sea como fuere, si ya te ha pasado más de una vez que cuando sales de una reunión te da la sensación de haber estado en un encuentro de pavos reales, prepárate porque probablemente el fracaso esté más cerca de lo que parece.

3 comentarios sobre “El riesgo de la autocomplacencia

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